El ruido interminetente de la zafra azucarera

El central México de colón no logra la estabilidad tras su segunda campaña en activo
El central México, del municipio matancero de Colón, no logra la estabilidad tras su segunda campaña en activo

Para un obrero azucarero no hay nada más inquietante que el silencio. Acostumbrados como están al ruido ensordecedor de la industria, a los golpes de los vagones que dejan caer la caña en el basculador, a algún escape de presión, o el habitual pito que anuncia los cambios de turnos, el ruido forma parte de sus vidas.

Por eso cuando un central en campaña enmudece, y el humo no se devisa en la alta torre, algo anda mal. Y en la presente zafra la mudez se ha hecho más habitual de lo deseado.

En un reciente recorrido de zafra, al parecer, tres de los cuatro centrales en activo con que cuenta la provincia, se habían contagiado, porque a la hora de nuestra visita estaban detenidos.

En honor a la verdad la zafra no marcha bien. El plan técnico económico no se cumplirá y presenta un considerable nivel de atraso; precisamente el René Fraga y el México, inciden de manera negativa en estos resultados.

Pero comencemos por el Mario Muñoz, conocido como el Coloso de Los Arabos, que alcanzó su máxima estatura en la pasada contienda, pero este año la historia “pinta” diferente.

Según informó el director de la fábrica, Luís Barrios, los indicadores de eficiencia están muy por debajo, con números deficientes en la poll en bagazo, pérdidas en los indeterminados, en la cachaza y la miel final.

Otro aspecto que perjudica el proceso fabril y la obtención del grano, es el tiempo perdido por roturas e interrupciones operativas. Entre las áreas más comprometidas se señala el tándem, y los entendidos acusan la deficiente reparación.

Pero como siempre sucede en la zafra, a una de cal, va una de arena. Los obreros arabenses convalidaron la nota en la producción de refino. Incluso ya superaron la cifra alcanzada en el 2013, cuando aún restan varias semanas de zafra.

Sin embargo, ahora les agobia otro problema, la capacidad de almacenamiento, ya que la extracción no se está cumpliendo como estaba programada, por problemas de transporte. Lo cual pudiera comprometer la economía de la industria.

URGE CAPACITAR A LAS FUERZAS

El central Mario Muñoz produjo altos niveles de azúcar refino
En la presente zafra el central Mario Muñoz  alcanzó altos niveles de azúcar refino

El central México no escapa tampoco a las deficiencias industriales. Incluso a la hora de nuestra visita estaba detenido por falta de bagazo.

El director Julio Sánchez Rodríguez, explicó que se consume una mayor cantidad de bagazo cuando las operaciones de las calderas se acometen con poca eficiencia, lo que conlleva a un exceso en el consumo de combustible.

En el parque ubicado justo al frente del central, descansan un grupo de obreros esperando la arrancada, tras la parada momentánea.

En un banco, tres obreros, entre ellos el jubilado Orestes Hernández, aseguran que la pésima racha se debe a las malas operaciones.

Uno de los operarios, el más joven, aseguró que cuentan con casa nueva, refiriéndose al nuevo techado, y tándem eléctrico, pero no han podido corresponder con una buena zafra a esas mejoras.

“El problema es el personal capacitado, que es escaso y muy joven, sin experiencia apenas, y este es un oficio de años-asegura Orestes y agrega- fíjese que no hemos podido aprovechar la seca, la falta de lluvia, con más producción.

El dulce resultado final
El dulce resultado final

Pero ya se toman medidas para atajar el problema de raíz. Como bien señala Sánchez Rodríguez, tras siete años de mutismo involuntario, sufrieron una fluctuación laboral y hoy la mayor parte de las fuerzas carece de experiencia suficiente.

Por tal motivo activarán un aula de capacitación en el propio centro fabril, porque los conocimientos “entran” mejor cuando la teoría se hace acompañar de la práctica.

Pero a varios kilómetros de distancia, en el propio municipio de Colón, el René Fraga también acusa desajuste en su industria.

Luís Salas, un veterano de decenas de campañas a cuestas, prefiere no aparecer en la fotografía, porque según dice, cuando un central no muele bien, la cara de insatisfacción y pesar se extiende a todos los hombres y mujeres empeñados en producir azúcar.

“En una zafra hay aspectos determinantes, no solo el factor recurso, resulta vital la preparación del personal. Yo recuerdo que llegué de niño, y de la mano de mi padre, y los demás mecánicos de la fábrica, logré desentrañar todos los secretos de un ingenio”, asegura.

“Yo siempre digo que sin recursos, la debida disciplina y conocimientos no hay azúcar que valga. Antes contábamos con escuelas de capacitación en el Central España, el relevo estaba seguro, y el amor por la zafra se hereda de generaciones a generaciones”, comenta Luís Salas con pesar.

LUCES ENTRE LAS SOMBRAS

Pero por suerte de las buenas noticias también se puede hablar. El rabí sacará la cara por sus hermanos venidos a menos en esta crucial batalla por la eficiencia. Dentro de pocos días festejará su cumplimiento del plan, y continuará en molienda para achicar un poco el atraso de la provincia.

Criticar siempre es fácil, más cuando no se cumple con la misión encomendada. Pero al visitar un central en la noche, crece el respeto por los trabajadores del azúcar, quienes no siempre son culpables de decisiones desfavorables, como aquella de hace algunos años de incorporar el tiro directo al basculador, en el Fraga, que a la larga perjudicó su desempeño, como advierte el experimentado Salas, quien tampoco entiende cómo permitieron retirar el cortacogollo de las combinadas, que tanto afecta hoy la obtención de sacarosa.

¿Quién quita que los tropiezos de esta industria se deban a esa razón, que unido a otros factores, inciden en la constante zambullida y de la cual no levanta cabeza?

No hay nada perdido aún, dicen algunos, pero si bien el pesimismo corroe, el exceso de entusiasmo también, sobre todo, si tomamos como punto de partida un refrán bien guajiro que asegura que la caña reconoce la primavera, y en mayo no solo amenazan las lluvias, si no que el rendimiento de la gramínea disminuye considerablemente.

Los azucareros tienen que hacerse sentir en la economía matancera, deben ocupar su protagonismo de antaño, y eso no se los regalará nadie, ni un encendido discurso, ni una crónica literaria. Al terminar la zafra, se deben analizar todas las deficiencias, y acometer una buena reparación, para que no se convierta en la justificación del próximo año.

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