Posteado por: arnaldomirabal | 20 marzo, 2014

Del amor y el sacrifico.

 

joven militar cu

 

 

Quizás por predisposición genética, siendo una niña Yudenia Viera Cabrales entendió que sería militar. Santiaguera de nacimiento, con apenas unos meses de nacida sus padres, oficiales de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, se instalaron en Cárdenas. Allí aprendió a caminar y articuló sus primeras palabras.

Su infancia fue como la de cualquier pequeño, solo que la disciplina, el respeto y la organización primaban en su hogar, y a la postre esa circunstancia le marcó y le hizo continuar el camino trazado por sus progenitores.

Al culminar el duodécimo grado vio la oportunidad de viabilizar su sueño, y matriculó en el Instituto Técnico Militar José Martí, que ostenta la Orden Antonio Maceo. Allí se graduó en la especialidad de Informática, en el año 1994.

Desde entonces ha cumplido diversas funciones en diferentes unidades militares. Hace tres años la primer Suboficial Yudenia, llegó al Batallón de Prevención Matanzas, donde se desempaña como jefa de patrulla especializada de inspección de vehículos militares.

De la vida militar le gusta todo. Habla de la disciplina, y se algo le fascina es que nunca se improvisa, todo está escrito, y tal organización precisamente es la que permite a un colectivo obtener buenos resultados.

Como siempre se ha caracterizado por la seriedad y disposición ante las misiones asignadas, desde su arribó a esta unidad se granjeó al admiración de sus compañeros y oficiales.

“Los integrantes de las fuerzas de Prevención somos los garantes de la disciplina en las FAR, debemos velar porque los militares lleven correctamente el uniforme, y que los vehículos transiten en estado óptimo”, refiere acerca de su labor.

En estos años ha aprendido también un poco de magisterio, porque trabaja con soldados del Servicio Militar Activo, a quienes orienta, explica y también exige.

Como requisito indispensable, todo oficial debe poseer excelente preparación física y conocimientos de defensa personal, más aún si pertenece a las tropas de Prevención. Pero la violencia no es lo de Yudenia, eso sí, sabe defenderse y no vacilaría en derribar a un individuo e inmovilizarlo; igual es capaz de dominar un arma y dar en el blanco.

Por su trayectoria cuenta con diferentes reconocimientos, como la medalla de Servicio Distinguido, recibida en dos ocasiones, así como la de Producción y Defensa, y la Medalla de los 10 años de Servicio en las FAR.

Su trabajo es bastante sacrificado, y lo comenta con una amplia sonrisa. Cada día sale bien temprano de casa y a veces llega en las noches, incluso, cuando su niña está durmiendo. Por eso en sus tiempos libres nada disfruta más que compartir con la hija de seis años, y nunca dejará de estar agradecida por el apoyo incondicional de su madre.

En los ratos de descanso le gusta escuchar música, pero le grada sobremanera sentarse en un parque y ver a las personas pasar. Confiesa, además que escribe, al punto de culminar varias novelas, aunque nunca ha tenido el valor de mostrársela a alguien.

Entre sus obras preferidas aparece Pasajes de la Guerra Revolucionaria, del Che Guevara.

Y así, como quien no quiere las cosas, va terminando nuestra conversación. Entiendo entonces que estoy en presencia de una mujer que representa la obra de la Revolución. Desde aquel pelotón de guerrilleras que hicieron temblar la Sierra con su sensibilidad y arrojo, hasta acá, han sido muchas las Yudenia que robustecen la esencia de una Isla y de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.


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