Posteado por: arnaldomirabal | 14 marzo, 2014

Viñales, donde el tiempo se detuvo

Yo [640x480]

 

Sin duda alguna al recorrer Viñales uno está en presencia de lo real maravilloso, allí pervive un halo misterioso donde la realidad y la magia se entremezclan, y uno no sabe a ciencia cierta dónde comienza lo verosímil, y cuándo el encantamiento echa raíces, o las raíces se transforman en personajes que habitan el mundo onírico de Noel.

Este último personaje singular que cultiva la tierra, y logra entrever el interior de las almas humanas, mitad curandero-mitad semidios, y hasta con poderes sobrenaturales, creo yo. Y se pudiera hablar hasta del arca de Noel, donde navega un universo de madera con dragones y figuras inquietantes, y en la larga travesía se puede reposar hasta en el tronco de una mujer: creadora de todo lo bello y lo amargo.

Pero como entre mogotes todo es permitido, tras la revelación de un sueño, un hombre puede fundar una nueva religión con el nombre de aquella novela de Jack London, Colmillo Blanco, a la que se convertirán decenas de fieles, porque en este raro mundo no todo está escrito y hay muchos que aún buscan respuestas.

A pocos kilómetros de la comarca de Noel, justo en la falda de una loma, existen personas que reverencian el agua, fuente primigenia de la vida. Los acuáticos le llaman, y quizás seamos nosotros los seres verdaderamente raros, que creemos el cuento de que Red Bull y Coca Cola están bendecidas por los dioses, cuando solo nos convierten en rehenes del mercado.

Escultura de madera tallada por Noel

Escultura de madera tallada por Noel

Fue el poeta Federico García Lorca quien al visitar Viñales creyó ver a una manada de elefantes, tan dado como era a las sutiles metáforas. Yo, a la verdad, solo vi mogotes, lomas que como Oscar, aquel personaje de El tambor de hojalata, se negaron a crecer para ser niñas para siempre.

Y como niñas juegan a recrear formas ingeniosas emulando con las nubes: desde un punto de la carretera se erige un Martí yaciente, pero a mí más bien me pareció un Martí pensativo, que en cualquier momento se puede incorporar.

En Viñales, curiosamente, (o lastimosamente) se dan la mano la modernidad y el más fiero subdesarrollo. Con los modernos hostales equipados como Dios o el confort manda, compiten paladares de suculentas cartas, y zonas de silencio donde hasta ayer mismo no llegaba la telefonía, y hoy, y quizás hasta mañana no cuentan con electricidad.

Antes de llegar a ese indescriptible lugar, un amigo me había advertido que los habitantes ya eran víctimas del consumismo, por la gran afluencia de turistas extranjeros, pero KOKA y yo apreciamos lo contrario, cuando después de tanto caerle atrás a un puro torcido en esa zona, un guajiro decimista de verso fácil, sustrajo de sus bolsillos una jabita de nylon con hojas del afamado tabaco.

Martí yacente

Martí yacente

Tabaco que nos torció María Isabel Perdigón, hacedora de esos, nuestros días pinareños, como para demostrar que en Vuelta abajo, ¿quién que es, no tuerce un habano?

Desde mis tiempos de Universidad supe que los pinareños no solo son de las personas más inteligentes de la Isla, o excelentes pintores paisajistas, sino además gente sencilla de agradable carácter, quizás debido a las bondades de su naturaleza, con cuevas navegables, o tierras muy rojas donde la pequeñas montañas parecen naves que surcan el campo, y a la distancia se deja ver un bohío o una casa de tabaco como isla para los náufragos que desde cualquier punto del planeta allí desembarcan.

En honor a la verdad, me quedé con ganas de conocer más de aquel lugar que emergió primero de las aguas, porque si Cuba como nación dio a luz en Oriente, fue en el extremo más occidental del archipiélago donde nació como Isla, y hasta se encuentran vestigios de dinosaurios.

Era mi primer viaje a Pinar del Río y cumplía así un viejo anhelo. Porque un encuentro con la naturaleza y la historia merece cualquier sacrificio, hasta el de quedarse arranca’o con una mano adelante y otra detrás.

Conocer a los Malagones, aquellos doce campesinos que integraron la primera milicia campesina, nunca estuvo entre mis prioridades, porque nunca lo creí posible. Conocer a uno de ellos, Juan Paz, escucharlo jaranear hasta de su propia muerte, ha sido para mí algo incomparable.

A Pinar he de volver más temprano que tarde, por lo pronto, ya puedo inscribir esas jornadas entre las más interesantes e inolvidables de mi vida, allí, donde el tiempo no parece transcurrir, donde el tiempo se detuvo, donde tres días vividos a tope marcan toda una vida.


Responses

  1. Qué bello lo que has escrito Arnaldo, me alegra saber q te cautivó mi Pinar, mi Viñales…un abrazo desde el oasisdeisa


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