Posteado por: arnaldomirabal | 4 marzo, 2014

Viajar a otro país (sin necesidad de salir de Cuba)

¡Qué ricura la canchánchara!

¡Sabrosa la canchánchara de La Tinajita!

 

Desde hace algún tiempo me acompaña esa sensación cuando salgo de Matanzas, sentimiento que me invadió recientemente en Camagüey, añeja urbe con medio siglo a cuestas, pero que más bien asemeja tataranieta de mi amada ciudad yumurina.

Pero el asombro creció cuando me invitaron al restaurante La Tinajita, ubicado en la calle Cristo entre Santa Catalina y Bembeta. Asombro ligado con estupefacción diría yo, porque nunca imaginé que en mi propio país, bajo el mismo sol, y las mismas leyes, todo fuera tan diferente.

Tras cruzar el umbral del amplio portón colonial, te toparás con un bar con mostrador de madera; allí preparan canchánchara, con trocitos de caña que sirven en tinajas de barro.

Una vez en el interior, estarás en presencia de un gran portal, también de madera, respetando la arquitectura decimonónica. En el patio, dos grandes tinajas, símbolos de la ciudad, se unen al buen gusto del decorado, con porrones de barros de diferentes tamaños revistiendo las paredes.

Pero el atractivo del lugar va más allá de la atmósfera de casa tradicional. El servicio, ¡oh, el servicio!, es de primera. Durante años, muchísimos años, he necesitado sentirme como un cliente, y no hay establecimiento donde haya ido que me traten como un ser invisible.

¡En Camagüey no! Al menos en La Tinajita sí saben tratar a los comensales. Los dependientes siempre aguardan atentos y se adelantan a tus deseos: “¿Desea algo más?”, me preguntaron, y yo, por la poca práctica de ser tratado como persona, solo atiné  a decir: “No sé todavía”. Cuando me entregaron la carta, observé que todo era en moneda nacional, asequible a cualquier salario medio de cubano. Luego entré en confianza y fui en busca del administrador.

Y algo inusual, allí estaba el administrador, solícito a mis requerimientos. Gerardo Billalba se llama, y lleva año y pico al frente del establecimiento. Le agradecí por el excelente servicio por aquello de que honrar, honra.

Gerardo reconoce que el buen servicio nace desde el montaje de las mesas, la pulcritud del mantel, para lo cual delega responsabilidades a todo el colectivo, para que cada trabajador se sienta actor decisivo en la imagen del local.

El respeto al cliente es la premisa fundamental, pero a ello se suma el rescate de la comida típica de la provincia, con exquisitos platos como Arroz con carne a la camagüeyana, Aporreado de tasajo en penca, o el Matajíbaro.

Este último plato es la especialidad de la casa, elaborado a partir de plátano macho, empellas de cerdo y sazón, como para chuparse los dedos.

Mientras degustaba cada plato, entendí que siempre que se quiere, se logran grandes cosas, como ha sucedido en años recientes en Camagüey. Mi preocupación ahora es otra bien distinta: ¿Tendré que esperar a que Matanzas arribe a su medio siglo para que a mi comarca lleguen los buenos tiempos?


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