Posteado por: arnaldomirabal | 4 marzo, 2014

Guajiro de ciudad

La Organización de la Naciones Unidas para la Alimentación  y la Agricultura (FAO), instauró el 2014 como Año Internacional de la Agricultura Familiar, sin mucho bombo ni platillos,  Ernesto Frank Díaz creó una miniindustria para sin proponérselo, agasajar la conmemoración desde la ciudad de Matanzas.

Desde su finca Las Mercedes, Ernesto, un guajiro alto, flaco y fértil de palabras, puede escuchar con claridad el bullicio del Estadio Victoria de Girón, y las incesantes cornetas yumurinas que retumban a kilómetros de distancias.

Hace 15 años que el joven se decidió por la agricultura, y prolífico de ideas, comparte una curiosa observación, “la agricultura yo la llevo en la sangre por herencia de mi abuelo, hace años, cuando él se sentía fuerte, envió a mi padre a estudiar, entonces al envejecer yo vine a ayudarle. El amor a la tierra pasa de abuelos a nietos”, me comenta Ernesto reclinado sobre dos bloques en el frente de su casa.

Quien le vea con una camisa verde olivo de mangas largas, botas de gomas, y un ajado sombrero de yarey, se pensaría que se trata de un guajiro de esos de monte adentro, pero no, él nació en la calle Buenavista de la cabecera provincial, y su posesión se ubica en las inmediaciones de esta ciudad, circundada por la Avenida Martín Dihigo y el reparto Armando Mestre, a pocos metros del Estadio beisbolero.

Allí crecen robustos tomates, habichuelas, berros, ajo porro, yuca, zanahorias, quimbombó, plátanos, boniatos, ají, y flores como girasoles, azucenas y mariposas.

¿GUAJIRO BRUTO?

En incontables ocasiones he escuchado la frase, pero solo el tiempo me dio la respuesta: si hay personas de inteligencia superior, sin dudas son los guajiros. Y entre ellos destaca Ernesto, quien con sus 37 años de edad habla con una sapiencia como si de un venerable anciano se tratara.

Su chispa e inventiva la pone en práctica cada día, sobre todo en la escalera de cultivos, lo que le provee de alimentos todo el año. Hizo suyos los fundamentos de la agroecología, y gracias a ella revivió unos suelos dañados por el tiempo y las malas prácticas.

Creó un biodigestor, y cuenta con lombricultura. Fertiliza el suelo con humus de lombriz, y luego riega materia orgánica a partir de la excreta de los innumerables animales de su finca; más tarde emplea el fértil riego con afluente líquido de su biogás. De ahí que las mazorcas de maíz que obtiene pueden rebasar hasta dos libras, y rotule la tierra una sola vez en el año.

Entiende que el cambio climático es un fenómeno real, por tal motivo decidió buscar variedades más resistente a las elevadas temperaturas, pero como hombre inteligente-ya dijimos que los guajiros lo son- cultivó un campo de tomate bajo la sombra de un platanal obteniendo excelentes rendimientos.

MINIINDUSTRIA

La despulpadora creada por Ernesto humaniza el trabajo y eleva la producción.

La despulpadora creada por Ernesto humaniza el trabajo y eleva la producción.

Pero el fuerte del lugar, por lo que destaca en la Cooperativa de Créditos y Servicios Juan A. Morales, es la creación de una miniindustria, que a pesar de su sencillez, de mini solo tiene el nombre.

Tamaña empresa evidenció sus dotes de científico criollo. Supo de una despulpadora cerca de Ceiba Mocha, y hasta allá se dirigió a echar un vistazo.

Pasó tres días en vilo y finalmente creó la suya, y con innovaciones, porque logra expulsar la cáscara y semilla de frutos como el tamarindo, mango y tomate. “El meollo de la cosa radica en colocar la materia prima en remojo 24 horas. También elaboramos encurtidos de habichuela, col, pimiento y ají.

Su esposa Yudeisis Mariño se encarga del cocido del puré. Frank jaranea, y asegura que le designó esa misión para tenerla cerquita.

El secreto consiste, según ella, en el puntico de sal y cocinarlo bien para que desprenda la tinta vegetal. Resulta imprescindible el Baño de María durante 45 minutos una vez embasado.

Vale decir que desde la creación de esta miniindustria,  no hay pico de cosecha que se convierta en pérdida. Incluso fabrican mermelada de manga blanca que Acopio no contrata.

Cuando sobreviene una cosecha fabrican 800 botellas diarias de diversos productos, y pueden obtener hasta 120 mil pesos de ganancias.

La vida seguirá su curso y la ciudad su ritmo, y puede que hasta en el Estadio Victoria de Girón se suscite la locura, pero pocos posarán la vista a escasos metros de distancia, en plena urbe yumurina, donde un hombre entendió desde hace años que cuando a la tierra se le entrega amor, retribuye ese sentimiento.

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