Posteado por: arnaldomirabal | 11 febrero, 2014

¡Pánico en la gruta!

Carlos Ernesto pasó el susto de su vida

Carlos Ernesto pasó el susto de su vida

Seis niños permanecieron extraviados durante 19 horas en el interior de una caverna, en la Ciudad de Matanzas; fuerzas combinadas de la policía, bomberos, equipos especializados de rescates, y vecinos del lugar lograron rescatarlos en buen estado físico. La vida de los menores no corre peligro, sin embargo, dos permanecen en observación en una institución médica de esta ciudad.

El domingo es uno de esos días aburridos y lleno de bostezos. Pero cuando se es niño resulta todo lo contrario. Ellos tratarán de robarle horas al último día de la semana, lo mismo en un piten de pelota, que pateando un balón en cualquier placer yermo. Existen otras distracciones, que por temerarias, quizás hasta les seduzcan más, sin pensar que puede costarles la vida.

Así sucedió el domingo último en el barrio La Playa, de la Ciudad de Matanzas, cuando seis adolescentes decidieron explorar una cueva. “Serían las dos de la tarde”, recuerda Marlón González, de 11 años, “queríamos averiguar cómo era el lugar y nos perdimos. Luego no sabíamos como salir. Dábamos vueltas y vueltas y solo llegábamos al mismo lugar”, comenta desde una cama del Hospital Pediátrico Eliseo Noel Caamaño.

En el rostro de su madre Odeymi aún quedan huellas del terror ante la posible perdida. Sin dudas fueron horas de angustias. Con lágrimas en los ojos agradece infinitamente a quienes ayudaron a su hijo. “Habían bomberos, policías, ambulancias, equipos de rescate, todo lo que hizo falta estuvo allí. No dejaron de buscar un minuto, si no mi niño no estaría vivo”.

En una sala aledaña, se encuentra Carlos Ernesto Estupiñán, de 17 años. Con un suero en uno de sus brazos, permanece en silencio, impresionado todavía. Permaneció 19 horas en una caverna si luz.

“Decidimos explorar la cueva, nos fuimos adentrando y adentrando, hasta que (hace una pausa, baja la cabeza, y vuelve a retomar la conversación) ante el miedo uno de nosotros se retrasó y nos asustamos más. Comenzamos a gritarle, hasta que lo encontramos”.

Muy cerca de él permanece su madre. Envuelta entre la angustia por lo que pudo suceder, y la alegría por ver a su hijo sano.

De los seis niños, solo Marlón y Carlos permanecen hospitalizados. Aunque fuera de peligro, el primero sufre de dolor abdominal, y heridas en los pies por caminar descalzo en el interior de la gruta.

La vida de Marlon no corre peligro

La vida de Marlon no corre peligro

El doctor Ramón Dávila Ramírez, director del hospital, explicó a Girón que se le realizó un ultrasonido y dio negativo, mas permanecerá hospitalizado 48 horas en observación.

Sobre el estado físico de Carlos Ernesto, el galeno manifestó que al llegar al hospital presentaba un cuadro de deshidratación moderada por el tiempo que estuvo sin consumir líquido. “Le canalizamos la vena y se encuentra bajo la vigilancia estrecha de nuestro personal médico”, acotó.

¡EVITAR MALES MAYORES!

Por sus características geológicas Matanzas posee en sus entrañas más de 3 mil cuevas, siendo la segunda provincia de Cuba con mayor número de estos sistemas cavernarios. Solo en la Ciudad de Matanzas se hallan más de 90, por lo que no es de extrañar que algunas personas decidan adentrarse a estas cavidades subterráneas como entretenimiento o “deporte”.

El doctor Ercilio Vento, quien fungió durante más de una década como presidente de la Sociedad Espeleológica de Cuba, advierte de los peligros de semejante acto.

“Para algunas personas explorar una cueva es un juego, con la idea equivocada de que explorar consiste en avanzar con la luz de una linterna, sin tener en cuenta la importancia del calzado, la ropa adecuada, la provisión suficiente de luz que garantice el regreso, y en el mejor de los casos algún alimento y agua”, explica el especialista.

“Esos muchachos pudieron sufrir hipotermia. Además, la larga permanencia bajo tierra, unido a la alta humedad, afecta seriamente el organismo, por el desgaste y la pérdida de calorías”, advierte el doctor.

“Para cualquier acceso a una caverna se debe contar siempre con la presencia de algún espeleólogo. En Matanzas existen un comité con varios grupos de este tipo. Quienes sientan afición por esta disciplina pueden integrarlos”.

Aunque en la barriada La Playa la cueva donde se extraviaron los chicos, le llaman el Champiñón, los especialistas le conocen como la Entrada Jarrito, y pertenece al sistema cavernario Bellamar, con más de 20 kilómetros de extensión.

Los muchachos relataron cómo tras caminar y caminar solo llegaban al punto de partida. El profesor Vento explica que cuando alguien se extravía en una caverna, solo consigue girar sobre su eje. Fenómeno que se conoce como Vértigo de orientación. Para evitarlo es preciso marcar algún punto de referencia.

Pero el susto no pasó del todo, asegura el también doctor en Medicina. Exponerse al medio cavernario trae otras complicaciones, como contraer Histoplasma Capsulatum, hongo patógeno que afecta las vías respiratorias y puede confundirse con catarro común.

“Puede suceder que si al tratar el padecimiento, se desconoce que el paciente estuvo en una cueva, no se emplee el tratamiento adecuado, lo cual agravará la situación y la vida del paciente correrá peligro”, argumenta Ercilio Vento.

Por lo pronto, Marlon, Carlos Ernesto, y el resto de los improvisados exploradores cometieron el mismo delito que muchos de nosotros cuando éramos niños. Esta vez podrán hacer el cuento, y quizás, hasta sumar una que otra hazaña producto más de la imaginación que de la vida real. Lo cierto es que la enseñanza le servirá para entender que adentrarse a una cueva no es cosa de muchachos.

 

 


Responses

  1. Niñito, muy buen trabajo, qué bien que Girón publique estas cosas para que los chamas de por allá aprendan a encauzar sus fueros sin poner en peligro su salud o su vida.
    Tú sabes, esto me recuerda mi preuniversitario. Yo hice dos años, el onceno y el duodécimo, en un IPUEC de Sola. Sola es una de las únicas regiones montañosas que tiene Camagüey y está cundidita de cuevas… y nada, también yo me fugaba con mis compinches de aula para las cavernas y hacía cosas que ahora, a la luz de los años y la cordura, sé que no debí haber hecho. Bajábamos las grutas sin luz, sin sogas, a lo hombre araña, trepábamos las paredes sin arneses… en fin, el mar.
    Ahora, por suerte, Yuri (que también estudió por allá) y yo tenemos a Labrada, un periodista de acá de Adela que es el presidente de la Sociedad Espeleológica de Camagüey y que nos lleva en sus andanzas para que el nunca insatisfecho enano de nuestra adolescencia no desespere. Tú sabes, somos Doritas exploradoras, no podemos evitarlo jejejejeje.
    Por todo eso, me gustó mucho la manera en que lo enfocaste, sin satanizar a los muchachos por hacer nada más y nada menos que lo que habríamos hecho e incluso hicimos algunos. Todo es cuestión de comunicación e información, y para eso estamos nosotros, verdad???
    Un beso grande, muy buena historia. TQM

  2. Que buen trabajo, ya lo compartí es mis redes sociales, si bueno es el tema, mejor la manera de presentarlo, pasé por todos los estados de ánimo posibles en cuastión de minutos.


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