Posteado por: arnaldomirabal | 11 febrero, 2014

Morriña por la islita

Bahía de Matanzas

Varios de mis mejores amigos decidieron partir de la Isla. Yo, que a veces padezco de lejanías y nostalgias, siempre les llevo presente. Quizás de tanto pensarles, se me ocurrió la idea de convocarlos a que redactaron un breve parrafito sobre ese sentimiento que nos agobia cuando estamos lejos y extrañamos la tierra y su gente, y que los cubanos bautizamos como morriña o gorrión.

¿Qué es lo que más extrañas de Cuba?, ¿Cuándo se posa el gorrión?, ¿Con qué quisieras cargar en tu maleta?, se me ocurrió preguntarle a una veintena de amigos y amigas, y las respuestas me sorprendieron un poco. Lo primero, sin dudas, fue la familia. Pero el cubano cuando se aleja extraña el mar, el sol, los vecinos, la gritería de una esquina a la otra, ¡hasta la cola del pan! y ¡la apretazón en una guagua!

El cubano también puede evocar a un niño empinando papalote, un río, o aquella manigua donde jugó de chama, pero sin dudas lo que le jalonea muy adentro es la calidad humana de la gente de la isla, de su gente que dejó atrás.

Al menos así piensa mi primo Nagdiel Castillo, hijo de mi primo hermano Conrado Castillo Mirabal. Siendo un adolescente emigró a New Jersey.

Nagdiel Castillo

Nagdiel Castillo

Él extraña muchas cosas, “la familia que dejé, mis amistades, el mar, el cielo azul, la brisa marina, las playas, mi barrio cienfueguero, mis vecinos, mi cuadra…. en fin, mil cosas…. pero lo que más extraño es la gente, esa gente linda de Cuba, gente sencilla, trabajadora, sacrificada, siempre con deseos de ayudar…. esa gente sudorosa que abarrota las guaguas para transportarse, esa gente maravillosa que camina cantando por las calles”.

Escribe una sonrisa y menciona “las colas para adquirir pan o el periódico. Eso es lo que más extraño de Cuba”.

A Liz Sandra  le conocí en las redes sociales. Desde el primer momento trabamos una bonita amistad. Espirituana de nacimiento, es decir, guajira de nacimiento, se radicó hace seis años en Sant Petersburgo. Quien converse con ella, notará desde el principio su sabor cubano y naturalidad.

Ella asegura que de Cuba extraña todo, “hasta lo que más odiaba: los apagones. Rememora que cuando se iba la luz no le quedaba más remedio que sentarte en la acera a conversar con los vecinos. Y esos momentos también los extraña.

Por supuesto que la familia lidera la lista. Después le siguen los amigos, y el sol, asegura que a Rusia le falta el karma de su tierra, el olor a alegría y el aire a cubanía.

“Normalmente evito tomar vacaciones y quedarme en mi casa más de lo normal, porque el gorrión me ataca y paso semanas triste y nostálgica. Para mí el mejor remedio para combatir  la morriña es trabajar y distraerme lo mejor posible”, me asegura.

“Siempre que voy a Cuba, al aterrizar siento tremenda apretazón en el pecho, es increíble ver tu tierra desde el aire. Cuando me voy, me invade un terrible dolor de cabeza. Me digo que es por la fuerza de gravedad, pero sé que es el dolor del corazón que se me pasa también a la cabeza.

Liz extraña el “asere” y el “qué bolá”, y los frijoles de su abuela, los garbanzos del abuelo, el café mañanero de la mamá, y sobre todo a su país. “Los deseos de volver son a veces tan fuertes, que la palabra extrañar se queda corta”.

Cuando viaja a Cuba nada disfruta más que colocarse su bata de casa, las chancletas, y entonces se siente más cubana todavía, como si nunca se hubiera alejado.

A Arianna Rodríguez la conocí en la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas. No dudó en calificar esos años como los mejores de su vida. Y me agrada conocer que yo coloqué mi granito de arena y amor en esa felicidad. Hoy la encuentro viviendo en el sur de la Florida, donde lleva más de un año.

“Uno llega anonadada y cuando pasan los días se da cuenta de cuánto se extraña a la tierra, a su gente”, me dice.

“Yo principalmente extraño mucho a mi familia, a mis amigos, anhelo la cultura de mi país y poder hablar con mis vecinos. Siempre recuerdo las locuras que se gritaban las abuelas de una casa a la otra, extraño a mi pueblo, a mis cinco años de universidad en Santa Clara”.

“Cuando me siento mal y me entra el gorrión, en quien primero pienso es en mi mamá que siempre estaba ahí para darme ánimo, cuánto daría por sentir su abrazo y sus palabras para darme valor cuando algo me sale mal”.

“Las personas de aquí son muy diferentes a la gente de Cuba, pero uno se empeña en no perder la identidad”.

Yo era un niño cuando mi prima Odalys Mirabal Rodríguez se casó con un estudiante chileno. Él estudiaba medicina y ella psicología. Con el tiempo se casaron, tuvieron hijos, y decidieron radicarse en aquel país sudamericano.

Odaliz Mirabal

Odaliz Mirabal

Han pasado 14 años y ella asegura que emocionalmente parece que llegó ayer. “Lo que más nostalgia me da es la familia, tanto los que están como los que no, y también añoro la gente, esa manera natural que tienen los cubanos de ser familia sin serlo, que permite comunicarse y sentirse lo que uno es: un ser humano”.

“Con ese cariño se comparte cualquier dificultad, se superan las tragedias de la vida, se acompañan en la enfermedad y hasta se comparte el poquito de sal. En fin, yo extraño mi pueblo con su risa, con su hablar alto y su música a todo lo que da. Eso no se encuentra en otro lugar. Dormida y despierta siempre sueño con la gente de Cuba”.

A Romelio Pena también le conocí en las redes sociales. Con el tiempo descubrimos que teníamos muchas cosas en común, como el amor al campo, y que ambos somos matanceros. Reafirma que de Cuba todo se extraña, en especial la familia, la gente  del barrio y los colores de los uniformes escolares.

“A veces la criticamos mucho pero de la Isla se extrañan muchas cosas, como al médico de la familia, la asistencia hospitalaria gratis, porque aquí ir a un hospital es comparable a un cubano cuando va a un hotel de Varadero. Son cosas que pasábamos por alto viviendo allá”.

Me dice que de tanto extrañar siente nostalgia hasta de las reuniones del CDR y la CTC, la voz de los narradores deportivos, el mar, las fiestas populares.

A veces le llega el sabor lejano de un buen turrón de maní, o un pan con lechón.

“Quisiera escuchar la risa de verdad, la carcajada sonora y sincera, reencontrarme con la novia que tuve de niño, extraño la cola del pan, los fiñes mataperreando en las calles, y hasta el empujón al subir la guagua, o el grito de la madre llamando a su hijo para que se bañe.

“Sabes qué es lo que más extraño: ver a un niño empinando papalote, en 15 años no he visto ninguno.

Yoel Alfonso es como mi hermano. Junto pasamos el Servicio Militar, y si las montañas hermanan hombres, el servicio los hace siameses. Hace algún tiempo vive en La Coruña, España.

Yoel Alfonso

Yoel Alfonso

Cómo si el encuentro ocurriera en plena calle de la ciudad de Matanzas y no en en el chat de Facebook me lanza un: “¡qué bolá mi hermano! te cuento que lo que más extraño de Cuba es mi familia, por supuesto, también sentarme en la acera con los socios del barrio y darnos un poco de “chucho” (burlas).

“No sabes cómo extraño recoger un poco de dinero entre todos, una ponina, y “matar” (comprar) un pepino de ron, “descargarle” a un dominó. Extraño pescar en el puente de la plaza, cuando me sorprendía el amanecer a orillas del río San Juan, extraño el ruido de los botecitos de los pescadores.

“Nunca olvido a aquella vecina que siempre te decía “estoy haciendo una sopa de pescado, no tendrás una cebolla o unos dientes de ajo que me des”, extraño escuchar los pregoneros que te despertaban bien temprano con un ¡florero! ¡vaya las flores!,o el del pan , ¡panadero! ¡el pan especial!.

“En fin, un párrafo no es suficiente para escribir todo lo que extraño, pero sin dudas no hay nada comparable con el olor de Cuba, su clima, y la fuerza de todos los cubanos a pesar de tantas adversidades. Lo que más quisiera es encontrarme con alguien y decirle: “¡Asere! ¡Qué bolá! y que me respondiera: “¡qué bolón! ¡Él mío!”.

De Alberto Lajes no tengo mucho que decir. Mi mamá siempre me recuerda que siendo niños nos cambiaban en el mismo casillero de nuestro Círculo Infantil Estrellitas Rojas. Esa unión llega hasta nuestros días.

No te hablaré de que extraño a la familia, eso está de más que lo diga”, reconoce Albertico. “Extraño mucho el barrio con todos sus personajes, los amigos esos de toda la vida: a ti, a Jan, a Campo, al Quimbo, al Sullivan, a Adonys y a todos los demás”.

Alberto Lajes, el cazador de corúa

Alberto Lajes, el cazador de corúa

“Extraño mucho las tertulias que metíamos en casa de Jan, que empezábamos jugando dominó y terminábamos en una conferencia tuya hablando sobre las obras completas del Apóstol; extraño a Caruca (mi mamá) y las recondenaciones contigo, extraño a la abuela de Campito, a los abuelos de Jan, que de cierta manera eran abuelos nuestros también”.

“Pero mi herma, una de las cosas que más extraño es el mar, la Bahía de Matanzas, oye, ni te imaginas lo que me acuerdo de la bahía, todas la tonalidades de colores, los olores, el sonido de las olas cuando llegaban los frentes fríos, el berrinche cuando pasaba un ciclón.

“Me recuerdo mucho, ya en primavera y verano, que amanecía con tremenda calma y cuando llegaba el mediodía, comenzaba a batir el aire desde la entrada de la bahía hacia la ciudad, ese olor a salitre, ¡ñoooooo, qué ricura!

“Me gustaba mucho la época de cuaresma, cuando llegaban las ventoleras del sur. No había olas, pero la gente que practicaba tabla (windsurf) iba a flor de agua como una pedrá.

“Nunca olvido los piquetes que armábamos en el Bajío o el Hondón, (áreas costeras muy elevadas desde donde los jóvenes se lanzan). Eso mi herma, eso yo creo que es una de las cosas que más extraño, tanto es así que por acá hice un viaje de unos 900 km solo para ver, oler y sentir el mar.

Y no por último es menos importante. Ahí está Frank González, El Frank, maestro, Comunicador Social y vendedor de pizza, entre otros tantos oficios que le conocí en Cuba. Hace algún tiempo vive en Ecuador.

Sin más preámbulo me dice: “Oye mijo, mira no te enredes, échate esto, lo que más se extraña es la familia, los amigos, el calor de los cubanos, la forma de ser de nosotros. El resto del mundo es diferente, son una mierda y unos HP, y por supuesto, extraño el mar asere, no hay comparación, eso se añora como no te imaginas.

“Eso de ir a casa del vecino bien temprano a tomar café en su casa, que te pidan un cigarro, gritar de una esquina a la otra, esas cosas, solo las vives en Cuba, y las extrañas con c……”.

Y aquí terminan las nostalgias de varios de mis amigos que viven en el exterior, a la verdad yo solo quise desquitarme un poquito, porque la nostalgia, la morriña o el gorrión también crece aunque no te alejes, aunque nunca te alejes. Porque irremediablemente, se alejarán los otros.

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Responses

  1. Me ha encantado tu post. Yo tengo una familia corta pero tengo los mejores amigos, a mi hija le pasa lo mismo y adoro cuando vienen a la casa a pasar el rato, o a apoyar cuando hay problemas, por eso no podría concebir mi vida fuera de Cuba.Saludos desde el oasisdeisa.wordpress.com

  2. Chama, yo tambien tengo muchísimos amigos a los cuales solo puedo desearles felicidades en muchas ocasiones con untrago de Ron en la mano y con unas palabras al viento. Tengo algo como eso escrito para dárselo al Rodo, pero se me ha olvidado. Comuniquense pa lo de Pinar. Abrazos, Kmilo.

  3. Que lindo … me siento orgullosa pero te salvas que esyas lejos pq sino te ibq a meter un clase yiti por la oreja por eso de guajira jaja no en serio. Lindo trabajo y gracias por incluirme.👍👍👍👍👍

  4. Nino todo muy lindo pero lo de guajira esta de madre. Te salvas que estas lejos pq si no te iba a meter un yiti en la oreja jaja no en serio. Lindo trabako. Muchas gracias.👍👍👍


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