Posteado por: arnaldomirabal | 31 enero, 2014

Mi foto con René

René González

Mi mamá no sabe mucho de las nuevas tecnologías, pero cuando le hablé de mi encuentro con René González me preguntó si me había tirado una foto con él, y si la iba subir a “feibu”. También me pidió que se la obsequiara para colgarla en la sala de la casa. Ella, que quizás ignore muchas cosas de estos tiempos modernos, sí sabe valorar algo que nunca pasará de moda: el valor de los hombres buenos.

Desde su arribo definitivo a Cuba, esperaba encontrarme con René, y aunque en varias ocasiones estuvo en Matanzas, nunca había tenido la oportunidad de coincidir en el mismo lugar.

Por ese motivo, cuando desde las redes sociales convocaron a un encuentro con el Héroe cubano, no lo dudé ni un minuto, tenía que estar allí aunque tuviera que viajar en botella a fin de mes, es decir, sin un kilo en el bolsillo.

Pero bueno, por suerte apareció un carrito y partí pa’ la Habana. Allí me encontré con mis buenos amigos de siempre, los blogueros, y en honor a la verdad, extrañé a muchos que no pudieron estar físicamente.

Y cuando me hallaba entre saludos, besos y estrechones de mano, por la puerta del Instituto Internacional de Periodismo José Martí entró René.

Alto, con un pulóver de rayas, que le acentúa algunas libritas, llegó saludando a todos como a viejos conocidos. “Vamos a aprovechar y pasamos lista”, fueron las primeras palabras que dirigió al auditorio provocando una risa general y espontánea.

¿Fiesta? ¿Convite? No sé cómo definir el encuentro. Pero quisiera que todas las reuniones a las que asisto se asemejaran un tanto, porque René sugirió ideas, e invitó a que cada quien propusiera las suyas para lograr que la Causa de los Cinco llegue al publiqué norteamericano.

Y allí estábamos todos, contribuyendo de una u otra forma, conscientes de que con muchos granitos de arena se construyen obras colosales…pero en el fondo, yo quería una foto con René.

Al final logré mi deseo, me retraté con él, y también le estreché la mano. Me detuve un instante en su mirada clara y sincera, su conversación amena, su sencillez, y lo que más me impactó fue la felicidad de su esposa Olga. Nadie duda que estén viviendo los mejores momentos de sus vidas. Una especie de segunda luna de miel. Sin embargo, la pareja no descansará hasta que la alegría estremezca al resto de la familia de los Cinco, causa que cada vez suma a más personas de buena voluntad. Por lo pronto René acudió a la blogosfera, y la blogosfera es de fiar.

Y yo, por esa sana vanidad casi infantil, quiero regalarle a mi mamá más fotos mías junto a los Cinco.

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