Posteado por: arnaldomirabal | 28 enero, 2014

Pa’ que la ciencia llegue al surco

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Hay temas tan llevados y traídos que producen cierto malestar en quienes los redactamos y en el lector cuando los percibe. Tal desánimo revivió en mí cuando, recientemente, en días recientes encontré un ejemplar de Por Esto!, diario mexicano de tendencia socialista que aborda el tema Cuba con mucha objetividad.

En artículo publicado por ese medio azteca, el 4 de enero del presente año, el periodista e investigador cubano Jorge Gómez Barata destacó el vertiginoso desarrollo científico de la Isla, en campos como la biotecnología y la genética, sin embargo, no dudó en catalogar de discretas otras ramas como la agricultura.

Y en ese mismo instante me invadió la desazón, porque aunque los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución, refieren la necesidad de potenciar la aplicación de los resultados de la ciencia y la técnica en la producción agrícola, no se ha logrado mucho.

Este propio Semanario ha publicado en innumerables ocasiones la importancia de acortar el trecho entre la teoría y el surco, para que prendan de una vez los cultivos, con muchas más fuerzas y mayores volúmenes; al parecer, solo ha conseguido el rostro adusto de algunos que se sienten aludidos ante la crítica, en cambio no asoman los oídos receptivos para resarcir el mal.

Indiscutiblemente somos un país de hombres y mujeres de ciencia, pero en determinados momentos el desarrollo alcanzado no aterriza en las fincas, o bien pasa de largo o queda envuelto, en el polvo de los años y el olvido.

A manera de ejemplo, mencionaré mi recorrido reciente por las Lomas de Cabezas, territorio paradigmático si de producción de alimentos se trata. Allí conversé con una decena de guajiros que hallé a mi paso, palabras que luego reproduje en un reportaje. Pocos días después, una compañera de una institución científica me envió un correo recriminándome por no buscar más información, ya que en los años 80 un grupo de especialistas visitó el lugar, para acometer diversos estudios.

¿¡Y…!? Pensé yo. Los campesinos de aquellas alturas me contaron cómo aprendieron a convivir con la escasez de lluvia, de las frescuras de los suelos, del empleo de abonos orgánicos, mas nadie habló de semejante investigación. ¿De qué sirvió el despliegue de recursos si los principales beneficiados lo desconocen? Sucede que las buenas intenciones, hablando de ciencia, muchas veces terminan confinadas en una gaveta.

También recuerdo la infeliz reacción de un directivo cuando leyó un comentario, aparecido el 20 de junio del 2013, donde se cuestionaba a diversas entidades, ante el alto número de mortalidad de ganado mayor por desnutrición. Más que a personas, cuestioné la escasa cultura ganadera. Este año se repite la historia con un incremento considerable de reses muertas., por la misma causa.

Y como bien interroga una canción muy de moda por estos días: ¿La culpa no la tiene nadie? ¿Y la ciencia qué?

Por suerte de las buenas experiencias también se puede escribir. La Asociación Nacional de Agricultores Pequeños firmó convenios con numerosos centros científicos, docentes y Asociaciones de Técnicos. Ahora, es necesario señalar que ni una firma estampada en un documento, ni la mera voluntad, asirán el conocimiento a la tierra.

Los campesinos, principales protagonistas en esta batalla, ya tomaron por fortuna, la palabra, y también cartas en el asunto. El jovellanense Héctor Correa aseguró que existe en Cuba conocimiento acumulado para 200 años de avances científicos, pero no siempre se aplican.

Tal necesidad debe prender en las mentes para desterrar las justificaciones, y que la ciencia y la producción de alimentos marchen unidas, de una vez y para siempre. Semejante reto solo se logrará cuando todos, productores, especialistas y técnicos, se embarren los pies de fango, como dicen los guajiros, y las investigaciones se generalicen y nunca más reposen eternamente en un cajón.


Responses

  1. Buen trabajo recuerdo en los tiempos del Forum de Ciencia y Técnica los trabajos que pasamos para la generalización y aplicación de los resultados. Creo que siempre hay una no publica resistencia de algunos funcionarios por aplicar los avances científicos en los cuales se invierten muchos recurso materiales y principalmente humanos y la agricultura no ha sido una excepción.


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