Posteado por: arnaldomirabal | 22 enero, 2014

Cuando el amor se va a la guerra

Diario de Gerardo y René

Por Arnaldo Mirabal Hernández y Yeilén Delgado Calvo

El Museo a la Batallas de Ideas, de Cárdenas, atesora el diario que le obsequiara Adriana a Gerardo Hernández Nordelo, antes de su partida hacia Angola como internacionalista. 

Desde donde las noches son muy parecidas a los días, el frío cala los huesos y entumece las piernas, el aire no trae olor a campo, ni a mañana, ni a Sol, un hombre piensa a una mujer. Hace quince años que no la ve, solo en fotos puede disfrutar de esa sonrisa que tanto ama. Las llamadas, muy poco frecuentes, le acercan su voz como soplo de aire fresco. Sueña con ella, pero al amanecer no está.

Desde el otro lado del mar una Penélope de estos tiempos lo espera. No teje y desteje un tapiz, en cada espacio y oportunidad exige que le devuelvan a su esposo. Sigue creyendo en el futuro, cómo no hacerlo si él la anima cada día a hacerlo, le escribe cartas al  hijo no nacido y hasta le cuenta chistes para matar la lágrima a punto de caer.

Dicen que la soledad hace mella hasta en los más fuertes, sobre todo cuando se enfrenta la imposibilidad física de llegar a quien se quiere, pero ellos no dejan que las heridas acaben con el ímpetu, con la fe en el amanecer. Ella lo apoya con el mismo orgullo de aquel día en que su amor se fue a la guerra.

adriana y gerardo

DOS, HECHOS PARA ENCONTRARSE

La vio por primera vez en una parada. No podía quitarle los ojos de encima, desde que montaron en la guagua comenzó a piropearla. ¿Qué pensaría la muchacha entonces? Quizás desde ese momento comprendió que aquel era un hombre especial, tanta galantería e ingenio juntos no suelen ser comunes.

A él no le importó pasarse de su destino y seguirla hasta donde se bajara. Tal vez muchas otras veces llegó al mismo sitio con la esperanza de encontrarla pero no sucedió hasta días después cuando, desde una ventana, la reconoció y corrió para alcanzarla…

Ese fue el comienzo de la historia de Adriana y Gerardo. En aquellos años no podían imaginar las pruebas que pasarían, el intenso dolor a afrontar y la lucha constante por el reencuentro. La pasión que los une resulta incomprensible para muchos, ignoran que el humor y la sensibilidad de él y la voluntad de ella, han sido los ingredientes esenciales para derrotar a la desesperanza, para soñar siempre con el tiempo de estar juntos.

Diario de Gerardo Y rené

UN DIARIO, UN AMOR

Quiso el destino que en el primer aniversario de la pareja, tras el beso amoroso, la distancia ciñera nuevamente al sentimiento, pero no para estrangularlo, porque la lejanía, cuando el amor es verdadero, robustece.

Bien lo sabía Gerardo Nordelo, mambí de estos tiempos, muy consciente de que al partir a la manigua de un continente lejano, prescindiría de las caricias reconfortantes de la amada.

El graduado del Instituto de Relaciones Internacionales, no lo pensó mucho, y a la confortable oficina donde se desempeñaría como diplomático, prefirió ligar su suerte con los miles de cubanos que a sangre, sudor y metralla, decidieron combatir el oprobioso régimen del Apartheid.

La causa africana le jaloneó las entrañas, y sin vacilar él dijo “me voy”. Sin vacilar, contará la historia. Pero nadie sabrá cuántas ideas afloraron en las mentes de Adriana y Gerardo ante la irremediable partida. Ni qué pasión revistió ese beso…o cuánto se erizó la piel.

Y es que el amor cuando es sincero también se nombra comprensión. Y la joven comprendió que a los hombres buenos les atraen causas nobles.

Ve esposo, y vence, quizás se escuchó decir en la habitación. O a lo mejor no mediaron palabras, y solo reinó el silencio, y tras el silencio, el abrazo que los unió para siempre, descreyendo de la mala fe de los hombres, que en ocasiones prolonga la distancia, e intenta marchitar la pasión.

Pero la joven, virtual heroína, respaldó a su hombre quizás en el minuto en que más lo procuraba.

Y ante la irremediable partida le obsequió un diario. “Espero que te sirva durante el tiempo que estés lejos de mí, y estaré orgullosa de saber que seré tu confidente”, fue esa la dedicatoria de la amada en el reverso de una hoja.

“Esto te servirá para tenerme siempre contigo”, “Tu esposa: Adri (Puchucha)”, así firmó Adriana el 31 de diciembre de 1988.

La escena antes descrita pudo quedar en el anonimato, con la diferencia que tiempo después el joven soldado comandó la Red Avispa, que en el sur de la Florida neutralizó innumerables actos terroristas que desde aquel violento rincón del mundo se planeaban contra la Isla.

Los matanceros que creen en el más sublime de los sentimientos, pueden llegarse hasta el Museo a la Batalla de Ideas, en Cárdenas, inmueble que atesora una gran colección perteneciente  a la vida de los Cinco Héroes. Allí conocerán también de la bella historia de Adriana y Gerardo.

Cuentan que lo más bello siempre se calla. De ser así, nada conoceríamos del amor a prueba de penurias de Amalia Simoni y Agramante, o de María Cabrales y Maceo. Por suerte para los amantes del amor más puro, aún  brotan historias incluso desde las páginas amarillentas de un  diario.


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