Posteado por: arnaldomirabal | 12 enero, 2014

Santanicas: diminutas bestias del monte

picazón

 

Cuando niño me sentí feliz al saber que aquel león que creí ver en una mata de aguacate, desde la ventana de mi cuarto, era producto de mi imaginación, o un pretexto para no dormir solo.

La felicidad creció al conocer que nunca perecería en las fauces de un tigre, o moriría por la mordida de una serpiente venenosa. Porque en el monte cubano, a no ser que te asustes por el canto de un Sijú Platanero, nada puede hacerte daño. Están los cocodrilos claro, pero yo nada tenía que hacer en un pantano.

Al mar nunca le temí hasta que vi la película Tiburón. Pero me reí del miedo desde la orilla. Hasta que un buen día me dio por la pesca submarina y me encontré con una picúa echada en el fondo, imperturbable. Dicen los conocedores que actúan así cuando están ciguatas. Lo cierto es que fue mi primera zambullida como submarinista, y la última.

Entonces saqué la cuenta que permaneciendo en tierra, y sin visitar un pantano, podría encontrar la muerte de mil maneras, pero nunca de un ataque animal, porque nadie lo dude, el monte cubano es el más manso de todos.

Quien no le tema a la oscuridad, porque el campo de noche mete miedo, podrá acampar bajos las estrellas, y dormir a patas sueltas sin temor a ningún ataque. (Aquí no hablaremos de las fieras humanas, porque sería otra historia bien diferente).

En este minuto el lector se preguntará que relación guarda lo antes expuesto con las Santanicas. Pues que nadie me dijo cuando era niño que en los montes habitaban uno seres diminutos y peligrosos, que quizás no provoquen la muerte, pero después de su envestida, desearás no haber nacido. Por supuesto que me refiero a la Santanica, o Santanilla, como le llaman en algunas regiones de Cuba.

Es una hormiguita diminuta, y recién me entero que debe su nombre a un Cura de Sanctis Spiritus, quien en siglos pasados evocó a la mismísima Virgen Santa Ana, cuando sus feligreses resultaron víctimas de las arremetidas de estas despiadadas.

El insecto, de apenas medio milímetro, está incluido en la lista de las 100 especies invasoras más dañinas del mundo. Y como el marabú, llegó a Cuba por error proveniente de Centroamérica. Y al parecer aquí se adaptó muy bien.

A la Santanica le conocen en diversas regiones como albayalde, hormiguilla, yerba de guinea, candelilla, hormiga roja, eléctrica u hormiguita de fuego. Y creo que no hay que indagar mucho sobre el porqué de esos motes.

Lo peor de la Santanica es su afición por las reyertas tumultuarias. Si atacara sola el dolor sería más pasajero. Ahora, cuando lo hace en pandilla, llegas a suplicar que te muerda un oso en la porción del cuerpo agredida.

Dicen los entendidos en la materia que no se trata de una picada. Más bien de una sustancia que segrega, o para ser un poquito más exactos, de un ácido fórmico que produce un estado punzante y molesto, dando sensación dolorosa de picazón y quemadura durante un tiempo no corto.

Pero esta ardentía se hace irresistible incluso después de morir el bichito, tras el insistente “rasca-rasca”. Y no logras entender como alguien después de muerto puede fastidiar tanto.

Nunca olvidaré aquella actitud atolondrada de mi tío Elio. Yo me encontraba de vacaciones en la Sierra del Escambray. Una tarde vi a mi tío bajar precipitadamente de una loma, con un racimo de plátanos, que lanzó a varios metros de distancia, mientras se quitaba la ropa.

Yo me dije: “Ñooo, se fundió mi tío”, y él, tan comedido y respetuoso como era, gritó en puro arrebato: “¡Cojoneeee! ¡Me encendieron las santanicas!”.

Ese fue mi primer encuentro con esos bichos de los mil demonios. A través de otra persona, claro. Pero el tiempo me reservaría mi propio encuentro con las susodichas. Y esta vez no fue en el manso monte, si no en el baño de un Motel.

Yo regresaba de un encuentro de periodistas en la provincia de Holguín. Y de retorno nos detuvimos a almorzar en Camagüey. Debo reconocer que durante varias horas había aguantado las ganas de ir al baño, porque a veces me cuesta estrechar vínculos con sanitarios desconocidos.

Pero las ganas de…eran inmensas, y quizás resistirme a…durante tanto tiempo solo consiguieron rendirme ante los apremios de mi organismo. De más está decir el alivio que sentí, solo comparable con ir al baño cuando se tienen muchas ganas.

No obstante, la premura no me impidió advertir ciertos  punticos que se movían en el borde del inodoro. Justo cuando salí del baño, o minutos antes, al abrocharme el pantalón, me dije: “¡Oh, oh! ¡Qué bolá!”. En cuestiones de segundos aprecié cierta incomodidad allí, unos centímetros más abajo de mi espalda.

Y ahora viene lo bueno. Imagínese que usted es periodista, y viaja por primera vez en una guagua pequeña con colegas de larga trayectoria y prestigio, como Belkis Pérez Cruz, Ariel Terrero, Yudaisis Moreno, Pablo Jesús Alfonso, entre muchos otros, y que un pelotón de santanicas te carcome las nalgas…ese, sin discusión, fue el momento más difícil de mi vida.

Toda la buena impresión que pude causar me importó un comino. La ardentía era irresistible.

-¡Pero no te arrasques!-me decía Yudaisis. Cómo carajo no me voy a arrascar si me pica, pensaba yo. Me alcanzaron un pomo de perfume y ni corto ni perezoso me bajé el pantalón y me embadurné las nalgas, pero la mejoría duraba apenas una fracción de segundo.

-¡Piensa en otra cosa!-me decían. ¡En qué carajo voy a pensar si lo que siento es lava ardiente allá atrás.

A la hora más o menos fue amainando la cosa. Pero mucho tiempo después permanecía el dolor, motivado seguramente por el alcohol del perfume, los arañazos de tanto arrascarme, y el tóxico de esas pirañas de manigua.

Desde entonces, cada vez que veo Animal Planet, o el Discovery, me río de los conductores de esos programas que se sumergen con tiburones blancos, o se aproximan a un rinoceronte salvaje. Quisiera ver su reacción si les cae una nube de santanicas en la espalda, o en cualquier otro lugar, vaya. Porque en Cuba no habrá grandes felinos, ni osos grises, pero alguien se imagina una santanica del tamaño de un perro…


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: