Posteado por: arnaldomirabal | 7 enero, 2014

Transparencia, pido transparencia

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Sorprendí al 2014 con un buen vaso de Ron Santiago, ardiente regalo de un amigo. Segundos después le espantaba un ronífero beso a mi novia Yanelis, quien se erizó, y otro a mi mamá que me regañó por comenzar el nuevo año con peste a ron.

Lejos estaba de imaginar que horas más tarde el 2014 me sorprendería a mí con la noticia de que los cubanos ya podrían comprar carros. Pero la felicidad de la noticia solo duraría poco, al constatar los precios estratosféricos.

Y cuando hablo de felicidad, me refiero a la ajena, porque a mí no me da ni frío ni calor. Como la gran mayoría de los cubanos de a pie, nunca podré hospedarme en un hotel, ni pagar un pasaje para viajar, y mucho menos comprarme un auto, pero por suerte aprendí a prescindir de ciertas cosas, y nunca me quitarán el sueño.

Ahora lo que si me desvela, y me pone hasta ojeroso, es la falta de transparencia. Los periodistas celebraron su 9 Congreso de la UPEC. Allí se habló hasta por los codos de todos los problemas que afectan al sector, y preciosamente la transparencia informativa estuvo entre los temas que más retumbaron en el Palacio de Convenciones.

Lo peor es que el propio General Presidente Raúl Castro también ha abordado el tema una y otra vez, y el cuartito sigue igualito.

Y entonces yo me pregunto:¿para qué malgastar papel en editar un libro como el del profesor Julio García Luís Revolución, Socialismo, Periodismo? Porque aunque era imprescindible, terminó como la mayoría de las buenas intenciones que persiguen deshacer entuertos y eliminar la burocracia: confinado en un rincón como letra muerta.

De qué otra forma entender entonces que campeen a sus anchas las escuetas notas informativas sobre temas que de antemano, se sabe que provocarán el avispero de la opinión pública.

Así sucedió con la Salas de Cine 3D, la tiendas de ropa, y al final el plato roto lo pagamos los periodistas, que debemos dar la cara en las calles cubanas, sin más argumentos que nuestra fe en la Revolución.

“Quienes toman tales medidas solo buscan el bien del pueblo, ellos son nuestros tanques pensantes y saben lo que hacen”, así le dije hace unos días a un socio de mi barrio. Y para mis adentros me pregunté: ¿Sabrán lo que hacen?

La transparencia informativa no debe ser únicamente un anhelo de los profesionales de la prensa, debe ser un derecho de todos los cubanos, y un deber de todo funcionario político o cuadro del Estado.

Al final, aunque muchos lo olviden desde su olimpo ministerial, o su oficinita descascarada, (desde donde también se ejerce el poder de secuestrar la información), todos, sin importar el rango o la jerarquía, se deben al pueblo, el soberano, y este mientras más informado, creerá más en la viabilidad del proceso revolucionario cubano.


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