Posteado por: arnaldomirabal | 18 diciembre, 2013

El Gris pertinaz de El Nuevo Herald

El Nuevo Herald

 

Este miércoles el gris se apodera de mi ciudad. Un frente frío avanza sobre la isla rociándola con una pertinaz lluvia. Tras arribar al periódico, me da por revisar El Nuevo Herald para leer las últimas boberías publicadas sobre Cuba. Inmune al veneno, me detengo en la columna de opinión, porque sé de antemano que a los periodistas que allí publican, les sobra el odio y les falta objetividad.

En muchos medios de prensa cubanos, se han hecho recurrentes términos como diversidad y la pluralidad de pensamiento, sin embargo, tras asomarme al libelo de Miami, descubro que allí todos piensan igual y escriben de lo mismo.

Esa chusma periodística miamense-discúlpenme pero no hallé un mejor adjetivo- permanece aturdida todavía por el saludo entre Obama y Raúl Castro, en los funerales de líder sudafricano Nelson Mandela.

Y yo me pregunto ¿acaso no ha sucedido nada más en el mundo? Es cierto que el estrechón de manos de ambos mandatarios provocó tremenda polvareda en las redes sociales, pero de ahí a otorgarle prominencia al tema, transcurrida una semana después, es algo preocupante.

Y peor aún: ¡los seis comentarios que aparecen en la portada del sitio digital abordan ese mismo tema!

Nadie pone en duda que el acontecimiento creó muchas expectativas, y claro, perretas también. Cómo olvidar a la siempre huraña Ileana Ros Lehtinen, quien osó interrumpir un discurso del secretario de Estado John Kerry, para arremeter contra Obama por el “indigno” obrar de ser educado y extender su diestra a otro presidente.

Volviendo a El Nuevo Herald, llama la atención como la plantilla periodística se volcó a despotricar contra el gesto civilizado de dos líderes, y no escribieron una letra sobre los funerales de Mandela. Se valieron de los despachos de agencias extranjeras.

Como pueden ver todas las notas sobre Mandela fueron tomadas de agencias extranjeras

Al parecer sobre la vida y obra de Madiba no tenían mucho que decir, porque el hacerlo sería una especie de suicidio profesional y político. La extrema derecha de Miami calló las atrocidades del Apartheid.

Y al reconocer la dimensión política y adentrarse en la vida del líder africano, obligatoriamente hay que escribir sobre Cuba, y destacar el papel de nuestra  pequeña isla en la eliminación del oprobioso régimen racista sudafricano.

Cualquier mención honesta que se haga sobre Mandela, debe rememorar la estrecha amistad con Fidel y su histórico viaje a Cuba.

Pero entiendo que cuando se trata de criticarse a uno mismo, se traba la objetividad. Qué periodista que responda a los intereses de lo más recalcitrante de la sociedad floridana, se atreverá a escribir sobre aquellas palabras fuertes que Mandela dirigió al llamado “exilio cubano”.

Como bien dijo Silvio en una canción, cuando escriban la vida los buenos, al final vencedores, la verdad emergerá triunfante, como un Mandela de la prisión. Entonces los heraldos de la mentira que habitan al sur de aquel país, enmudecerán para siempre, y quizás hasta El Nuevo Herald cambie de color.

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