Posteado por: arnaldomirabal | 17 diciembre, 2013

Con madera de artista

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A Luís Duarte todos le conocen por Chichi, sobrenombre que no logra abarcar su verdadera dimensión humana. Chichi es de esos seres especiales que llegaron al mundo para sorprender y crear. Y es que el arte se le da así, con una facilidad, que nos hace imperfectos al resto de los mortales.

Con gran soltura lo mismo interpreta una guaracha en la guitarra, que un punto guajiro en el laúd; pero como si eso le resultara poco, puede construir de un viejo tronco un hermoso sillón. Y es que a su pasión por la música sumó la destreza en la carpintería.

Siendo un muchacho comenzó a estudiar guitarra, pero desde mucho antes ya intentaba sacarle los primeros acordes al instrumento. Rememora su hermana Gladis que de niño tomaba una tabla y le adaptaba ligas elásticas, y abstraído del mundo hacía música, hasta que las improvisadas cuerdas se quebraban, una y otra vez, y una y otra vez el ávido niño lo intentaba nuevamente.

De ahí surgió la vocación del este veterano que ya suma 65 años, pero que nunca ha perdido la vitalidad y asombro de los infantes.

De la música sigue enamorado como la primera vez. Incluso pertenece a un conjunto musical en Varadero, donde ameniza las tardes del balneario con su voz.

Para él componer una canción y cantarla, es como crear un escaparate.

Mientras hablamos en la sala de su casa, se escucha desde la grabadora una guaracha dedicada a los Cinco Héroes Cubanos, presos en Estados Unidos. Chichi grabó el tema en un estudio junto a su grupo Salsa Son.

Rememora que su relación con la carpintería también comenzó de niño. Vivía en un campito intrincado y tras el fallecimiento de su padre, cuando él no rebasaba los siete años, la familia se estableció en el poblado de Jovellanos, justo al lado de un carpintero. Se pasaba todo el día allí, primero observando, y después de ayudante.

Pero su ingenio crece y ya no se ofusca ante la adversidad como cuando era niño y se les rompían las cuerdas de su guitarra artesanal.

Como todo carpintero que se respete prefiere maderas preciosas como el cedro y la caoba, pero ante el alto precio de estas decidió investigar con otras maderas.

Supo de un campo de naranjas asolado por plagas, y hasta allá fue en busca de materia prima. Es muy dura, pero ha logrado dominarla. En su sala se observan el fruto del sacrificio y el buen hacer: sillones, aparadores, butacas, todo tipo de muebles tan bien elaborados, que cualquiera pensaría que provienen de las maderas más exquisitas del monte.

Ante la despedida Luis Duarte me estrecha su mano endurecida, no sin antes cantarme algunas estrofas que lo definen mejor que cualquier palabra:

“Yo si la lucho

Sin cometer disparates

Lo mismo canto un bolero

Que arreglo un escaparate

Yo te hago una cunita

La diseño con cariño

Y si pones los materiales

Yo te hago hasta el niño”.


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