Posteado por: arnaldomirabal | 1 noviembre, 2013

¡Mal rayo me parta!..y a Etecsa también

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Con mi novia Yanelis comparto el amor, los buenos tiempos y los malos también, compartimos además la risa, el oleaje, las puestas de sol, y un celular. El celular llegó a nuestras vidas para hacernos felices, según ella, pero a mí en lo particular nunca me agradó la idea. Finalmente comprendimos que a veces Etecsa y esos pequeños aparatos pueden hacer más daño que cualquier patraña imperialista.

Resignación de pobre dirán algunos, pero siempre he visto estos aparaticos como una especie de GPS. Son unos entrometidos, con muchas ganas de sobresalir. No hay una reunión donde no den la nota y comiencen a chillar, o para expresarme mejor, emitan un tono con la canción del momento, lo mismo en un acto político, una velada religiosa, que en una funeraria. En Cuba, cuando se apiñan más de dos personas, de seguro sonará algún celular.

No se si ya dije que 2 millones de teléfonos móviles deambulan por las calles cubanas, y por las montañas y pantanos también. No hay un rincón de esta isla, por intrincado que esté, que alguien no se haga acompañar del dichoso inventico. En cualquier paraje inhóspito de este país, aunque no haya cobertura, de seguro habrá celular.

Pero mis temores y desconfianza hacia el teléfono no eran enfundados. El tiempo, ¡ay el tiempo!, siempre el tiempo, me dio la razón. Dirán que un celular acorta las distancias, y resuelve problemas, pero seguramente a quienes ya los tienen resueltos, porque eso de que compras la línea pero nunca llega a ser tuya, y aunque la hayas pagado la puedes perder, no me hace gracia. Y así mismo se lo dije a Yanelis. Pero contra los caprichos de una mujer no se puede, aunque lo mejor de esta historia está por llegar.

Al final, acepté al nuevo compañero. Yanelis y yo decidimos compartirlo, como todo en nuestra vida. Ella lo llevaría la mayoría de las veces, y viajaría conmigo cuando realizara alguna cobertura distante. Hasta ahí todo bien. Bueno, más o menos. Porque una tarjeta de recarga por el valor de 5 CUC, dura lo que un merengue en la puerta de un colegio. Pero el tiempo fue pasando y acepté, y hasta me adapté al nuevo inquilino. Vaya, hasta por momentos le tomé cierto cariño, porque cuando no tenía ganas de leer, o ver tv, lo tomaba en mis manos y me permitía jugar con una serpiente comilona.

Pero bien me las arreglaría sin él, y debo señalar que con el teléfono fijo de casa tampoco sostengo las mejores relaciones. Hay momentos en que me tengo a mi mismo, como cuando leo un buen libro, y el inoportuno ¡riiinng! agrede mi espacio y oídos.

Pero volviendo al tema, resulta que la historia se tornó gris cuando conocimos lo de la recarga de doble saldo desde el exterior. Incluso no hacía mucho en el noticiero habían abordado el tema, y una cliente de Etecsa hizo la misma pregunta que me he hecho todo este tiempo: ¿Por qué no se puede efectuar la misma operación desde Cuba?

La respuesta de una directiva de Etecsa fue clara, precisa, pero no me convenció. Quizás sea importante para esta empresa obtener moneda fresca y dura, pero ¿a qué costo?

¿Por qué me han convertido de la noche a la mañana en un pedigüeño? Cómo entender que a las mismas personas a quienes debo convencer sobre la pertinencia de mi proyecto social, les deba pedir después que depositen 20 dólares a nuestra cuenta de celular. Y el empleo del pronombre no responde al plural de modestia, sino a una economía modesta.

Resulta que en estos días Cubacel lanzó la oferta de doble saldo, e hice lo que nunca había hecho: pedirle el favorcito a un que otro amigo que vive en el exterior. Reconozco que se me caía la cara de la pena, porque puedo ser desinhibido para muchas cosas, ¿¡pero pedir!? Y de las peticiones del cubano escribiría una docena de post. Porque desde que uno abre los ojos, lo primero que escucha es o a tu mamá pidiendo un poquito de sal, “queseacabó”, o la vecina solicitando un dientecito de ajo, “quemañanacompra”.

Ahora, ¡pedir 20 dólares! Eso es algo bien distinto. Pero al final hasta te decides y das el paso al frente, y mandas un escueto mensaje a dos o tres amigos, para ver quién complace tus necesidades comunicativas.

Y este humilde servidor, comprensivo como es, saca una cuenta muy sencilla: tengo una retahíla de primos en Cuba, si yo viviera en el exterior, únicamente con el salario de Bill Gates lograría ayudar a toda mi familia. Pero siempre hay alguien que te tira un salve, hablando en buen cubano. Más aún cuando no te caracterizas por ser pedigüeño, aunque Etecsa se empeñe en convertirte.

Pero puede suceder que eres un reventa’o, y contigo, como con nadie se ensaña la mala suerte, y se cumple esa máxima de que la felicidad en casa del pobre dura poco. Porque cuando un amigo te da la excelente noticia de que te envío el dinero, que no hay problema alguno, el mundo se te viene encima, y quisieras coger por el cuello al mismísimo fantasma de Grahan Bell.

Y en ese instante tienes unos deseos enormes de mentarle la madre a medio mundo, de salir a toda prisa profiriendo ofensas a “troche y moche”, pero en un instante de cordura entiendes que el culpable eres tú, fuiste tú quien se aprovechó de la amistad, y logras reír, porque otro, vaya a saber quién, se benefició de tu estupidez.

Pues fuiste tú y nadie más quien mandó el mensaje con el número de teléfono erróneo, porque es compartido, y no eres muy ducho en memorizar dígitos. Y solo te queda reírte de ti mismo, y escribir un post para recargar energías, porque siempre hay que hallarle el saldo positivo a las cosas. Aunque muy en el fondo, quisieras que te partiera un rayo y a Etecsa también.

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Responses

  1. jajajajajaj ay madre mia Nardy que clase cosa , bueno eso pasa hasta en las mejores familias , un beso se te quiere , y reportate.


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