Posteado por: arnaldomirabal | 19 octubre, 2013

Hipercrítico

pidopalabra

Hace unos días, en una especie de reunión, pedí la palabra y dejé escapar casi una conferencia. A veces me sucede. Decido no emitir palabra alguna por aquello de no desentonar, pero se van agolpando las ideas y me atragantan, y cuando menos lo espero levanto la mano, pido la palabra… y luego me tildan de hipercrítico.

Lo curioso del hecho es que en los últimos tiempos he escuchado  el empleo de la palabrita en contadas ocasiones. Y no precisamente ante críticas exageradas; ante un simple señalamiento o mención de la realidad, aflora el término a manera de escudo o para invalidar los argumentos del otro.

A estas alturas del juego, cuando queremos actualizar tantas cosas, no solo la economía, me resulta preocupante que emerja una nueva forma de fustigar y condenar los comentarios y las desavenencias.

Hasta hace muy poco, recordábamos las palabras de Raúl, conminándonos a debatir, polemizar, a desconfiar de la falsa unanimidad, y entonces me maravilla con cuánta facilidad cometemos los mismo errores una y otra vez.

A veces me da la impresión que los cubanos estamos condenados al inmovilismo. Somos sagaces para describir los problemas que frenan nuestro desarrollo, pero no se que ley natural nos persigue y agobia, y rápidamente sufrimos una especie de flujo y reflujo.

Yo, que soy de los que se entusiasman demasiado, después sufro el porrazo que propina la realidad. “Sin prisa, pero sin pausa”, escucho decir una y otra vez, y me da por pensar que algunos tienen complejo de tortuga, y prefieren lo primero, a manera de  impasse.

Cuba se sacude y avanza, es cierto. Lo noto a cada paso que doy por la ciudad. También reconozco que algunos cambios llevarán más tiempos. Pero debemos estar atentos para que no se enraícen males que tanto daño hicieron, como invalidar la opinión ajena. Muchos errores se hubieran evitado entonces.

Tampoco desconozco que la crítica encierra un alto grado de responsabilidad. Pero prefiero en mi guerrilla aquella persona que siempre objete algo, y después de el pecho a las balas, que esos que pululan por doquier, diciendo sí a todo con una sonrisa a flor de labios. O los otros que prefieren callar para no buscarse problemas, desoyendo al propio Raúl. Aunque sería conveniente también, que mi Presidente me dijera a quién acudir en caso de buscarme complicaciones por manifestar una opinión contraria.

Sabemos cuanto daño nos hacen los simuladores, esos que nunca se enfrentan y asienten a todo, aún así los preferimos, a aquellos que siempre colocan una coletilla, o ven el otro lado de las cosas.

Siempre escucho que la confrontación de ideas es progreso y desarrollo, alimentémosla, y desterremos de una vez y por todas palabras que solo buscan deslegitimar el debate. No pueden existir hipercríticos, cuando todavía persisten tantos problemas.

 

 

 

 

 


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