Posteado por: arnaldomirabal | 21 agosto, 2013

Matanzas de Carnaval

Quizás este año el carnaval me regala una sorpresa igual, y me reencuentro con viejos amigos

Quizás este año el carnaval me regala una sorpresa igual, y me reencuentro con viejos amigos

La ciudad está de Carnaval, y yo, a la verdad, no estoy muy entusiasmado. A lo mejor va y me sucede como el pasado año, que había decidido no asistir, hasta que una amiga me convido para recorrer una trocha muy cercana a mi casa. Salimos a las 9 de la noche, y regresamos en la mañana. Es que el “olor” a Carnaval me hechiza, esa amalgama aromática de carne asada, pollo frito y cerveza hace presa de mí, y neutraliza mis sentidos.

Pero si ese aroma no me llega, puedo permanecer en casa sin remordimientos.

Antes sí. Por nada del mundo faltaba a una cita carnavalesca. Sobre todo cuando me liberé un poco de mi madre al arribar a los 16 o 17 años. Entonces empecé a salir con mis amigos, y a llegar a casa casi en la mañana. Recuerdo que siempre me encontraba a mi madre durmiendo en el sillón, esperando mi regreso. Luego yo dormía hasta la tarde, para salir de nuevo al anochecer, y aunque me prometía llegar temprano esa vez, nunca lo lograba.

De niño asistía de la mano de mi mamá. Son las serpentinas lo que más extraño de aquellos tiempos, y las pergas de cartón, donde los mayores bebían cerveza.

He notado que el cubano enfrenta las carencias apelando a los tiempos pasados, prácticamente vive de nostalgias. Cada vez que se avecina el Carnaval, escucho aquí y allá lo formidables que eran antes, cuando la cerveza costaba 1. 80, y no la bautizaban con tanta agua. No existía diferencia entre la de botella y la de pipa, he escuchado decir.

Pero llegó esa época innombrable llamada Período Especial y desaparecieron, entre otras tantas cosas, las serpentinas, y se aguó la fiesta y la cerveza.

Le cambiamos hasta el nombre y empezamos a llamarles Festejos Populares, y a la verdad, daban más lástima que alegría tales festividades. Qué decir de las carrozas. ¿A dónde fue a parar el ingenio y buen gusto de los cubanos? Tractores con carretas cañeras, adornadas con tres pencas de mata de coco, y un ruidoso aparato que si bien no me equivoco, era un generador de electricidad, convirtieron a las carrozas en algo grotesco.

Pero aun así, nos fuimos adaptando al cambio, o nos resignamos, porque no nos quedaba más remedio.

Mi trocha preferida era la Plazoleta El Tenis, cerca de mi casa. Allí disfruté mis primeras borracheras. Y sentí esa extraña sensación de recibir al sol con los ojos saturados de venitas rojas. Eran tres días o cuatro días que vivía a tope, en compañía de mis mejores amigos.

Yo no era de mucho bailar, pero era feliz  cuando lograba dominar uno o dos pasillos de moda. Era el boom de la Salsa. Después llegó el regguetón y los bailes fueron un poco más complicados.

Recuerdo que mi amigo Jan nunca bailaba. Cuando se embullaba con algún pasillito ya sabíamos de antemano que estaba en su punto. En todo piquete había un bailador. En el nuestro era Yunieski Campo, y para más coincidencia, era el más negro del grupo, y el mejor casinero.

Y como en todo grupo de amigos que se respete hay un blanco, Lage hacía bien su papel. No bailaba nada. Era un alemán. Pero con dos buches de más, hacía de todo un poco.

Cómo olvidar la primera vez que asistí a unos carnavales con mi propio dinero. Era un chama. Días antes mi hermano Jan y yo habíamos desmochado prácticamente una mata de aguacate que crecía en el patio de mi casa. Fue la primera vez que vendí algo, y me sirvió para darme cuenta que nunca sería negociante. Pero en ese tiempo nos sentimos un poco adultos.

El tiempo fue pasando y asistí cada vez menos a los carnavales, por múltiples factores. Es que cada vez conozco a menos gente, y a los que encuentro me hacen ver que los años no perdonan. No obstante, quisiera volver a soplar una serpentina algún día. Por lo pronto va y me embullo y me tomo alguna que otra cervecita, de pipa claro ¡pero quién dijo que con esa no se goza igual! Además, en estos calores hace bien estar hidratado.


Responses

  1. Chama tengo tremenda pen contigo, pero na nos queremos y ademas cuando menos te lo esperes me doy un saltico. Lo que sí tenemos que hacer es ir al carnaval de Holguín. Me llegué con un piquete y la pasamos megabien, te extyrañamos todos. Fue de puta madre . Ter quiero Arnaldo, aunque suene gay.


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