Posteado por: arnaldomirabal | 2 julio, 2013

Terrorismo contra Cuba: El último vuelo de unos asesinos

central EspañaEl Jueves 18 de febrero de 1960, a las seis de la mañana, una avioneta Comanche 250 despega de la Florida rumbo a Cuba. Dos horas más tarde, el aparato sobrevuela el central España.

Desde una de las ventanillas de la nave se observa a un hombre sujetando un bulto pesado. Inesperadamente, el avión estalla en pleno vuelo.

 Viajaban dos hombres con la intención macabra de destruir el ingenio en plena molienda. Una mala manipulación activó la bomba. El cuerpo de uno de los tripulantes cayó intacto en la habitación de dos niñas del batey. A más de medio siglo de aquel suceso, a muchos habitantes del poblado aun se les encrespa la piel.

Celestino Lanz Méndez. Contaba 20 años a la hora de la explosión

Celestino

“Yo era un muchacho. Esa mañana me encontraba trabajando en el techo del central junto a mi padre. Casualmente en esos días habían bajado la ametralladora allí apostada para contrarrestar posibles agresiones aéreas.

“Nos hallábamos inmersos en la zafra. Recuerdo que tras terminar mi labor en el techo, me volteo y veo un avión a muy poca altura. Apenas sentí los motores. De improviso, algo inaudito. ¡Explotó en el aire! La gente pensó que era una caldera del central.

El motor de la avioneta chocó con un gran laurel y el cuerpo del piloto perforó el techo de la casa del médico Angulo. Cayó al pie de la cama de las niñas que vivían allí. El otro asesino, quien lanzaría la bomba, se desintegró en el aire y sus pedazos cayeron por todo el pueblo. Yo estuve mucho tiempo sin probar carne alguna.

Lidia Linares Medín, conocida por Yiya, contaba 13 años entonces

Yiya [640x480]

“La gente salió corriendo, mi mamá gritaba, en las matas colgaban intestinos humanos. Mi casa estaba muy cerca. Le pidieron a la población que los restos encontrados los trajeran. Los colocaban en un cubo.

El otro piloto cayó casi intacto en una habitación. No se podía tocar nada. La gente gritaba, se ponían las manos en la cabeza, se persignaban. Por todo el pueblo aparecían pedazos de avión, papeles, billetes, restos humanos.

“Los habitantes hicieron una cola para ver al hombre que cayó en la casa del médico Angulo. Eso fue por la mañana. La policía empezó a tomar medidas. Las personas estaban consternadas. En la noche llegó un carro de la embajada norteamericana. Los milicianos hicieron dos cordones de seguridad para trasladar a los cadáveres, porque la consternación del pueblo era grande. Frente a la farmacia cayó una pierna. Yo le cogí mucho miedo al árbol de laurel.

Gertrudis Edwin Angulo (hermana de Norma) 15 años cuando los sucesos

Gertrudis [640x480]

“Estudiábamos en La Progresiva, de Cárdenas. Ese día mi hermana había quedado en casa porque estaba enferma. Temprano en la mañana van a buscarme a la escuela. Me puse muy nerviosa.

Luego supe lo sucedido. La explosión. Mi hermana estaba convaleciente de una enfermedad. Tras el estruendo, el polvo y la metralla, en lugar de incorporarse por el costado de la cama, lo hizo por el frente y no vio el cuerpo. Salió corriendo buscando a mi mamá. Mi tía que estaba en la casa, pasa por el cuarto y grita: “en el cuarto de las muchachitas hay un hombre muerto”.

Cuando llegué serían las 11 de la mañana. Mi abuelo estaba muy mal. No me dejaban entrar a la casa. Reinaba la confusión.

Norma Edwin Angulo, 15 años 

Norma [640x480]

“Fue algo horroroso lo que vino a hacer esa gente. No me gusta hablar de lo que pasó. Yo tenía sarampión. En los centrales vivíamos a la espera de sabotajes. Eran tiempos muy difíciles, de confrontación directa con Estados Unidos.

Conocíamos de avionetas piratas. Se pusieron de manifiesto todos los planes de la CIA. El piloto cayó junto a mi cama, mi papá le extrajo de los bolsillos 3 mil dólares, mapas y planos del ingenio. Era norteamericano. Se llamaba Robert Ellis Frost. Los documentos mostraron que ese día aquellos hombres intentarían volar tres centrales más de la zona.

El techo de mi casa era de tejas con cielo raso. El piloto voló como un zeppelín, y cayó en un pequeño espacio entre mi cama y la de mi hermana. De haberme caído encima, me hubiera matado.

Yo dormía, y el sonido de una avioneta me despertó. Sentí el estruendo, pero el polvo me impidió ver algo. ¡Por suerte! Salí gritando: ¡Cayó una bomba en la casa! ¡Cayó una bomba en la casa! Todo fue muy rápido, le pasé por encima y no lo vi.

Todos buscaban afuera. Pero mi abuelo vio que en el techo de mi cuarto había humo. Entraron y vieron el cuerpo.

No puedo ni pensar qué hubiera sucedido si cae la bomba. Durante años sufrí pesadillas. El central molía, había cientos de obreros allí. ¿Cuántas familias enlutadas?


Responses

  1. […] inicios de los sesenta un intento terrorista contra la fábrica de Perico se frustró cuando una avioneta proveniente de la Florida explotó en […]


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: