Posteado por: arnaldomirabal | 28 junio, 2013

¡La Angelina: tierra del boniato!

La Angelina

La Angelina es un apartado y tranquilo pueblecito del municipio de Perico. Cada año, durante varias semanas, el poblado se agita, al comenzar la cosecha de boniato. Entonces decenas de camiones en un continuo ir y venir, rompen el silencio y la calma.

Para beneplácito de los campesinos, arriban por primera vez vehículos de carga de todo el país, por lo que un posible pico de cosecha, no significará pérdidas de la vianda por falta de transporte.

La Angelina se conoce en la geografía matancera por sus grandes producciones boniateras, que aseguran algunos que no tienen parangón en resto de la isla.

Cualquier foráneo que se llegue al lugar, dudará de semejante idea, al constatar unos suelos blancuzcos y arenosos, carentes de sistemas de riego.  Y es ahí precisamente donde radica el secreto de los altos rendimientos.

Sacos de boniato en el campo

LA TIERRA DEL BONIATO

A los suelos de esta región agrícola se le llaman angelinos, por el nombre del lugar, y la característica de sus altas producciones en secano. En las noches, el agua sube por capilaridad, como el combustible en la mecha de una lámpara. Durante el día, mantiene el frescor y la humedad, sin importar la época del año.

De tonalidad blanquecina, arenosa y con bajos contenidos de materia orgánica, puede producir grandes cantidades de alimento, si se le aplica fertilizantes eficientemente y con mesura.

En los suelos ferralíticos rojos, predominantes en gran parte de la provincia, los rendimientos del boniato alcanza las 17 toneladas por hectáreas, sin embrago, en los suelos angelinos se han llegado a cosechar hasta 34 t/h.

ESTIRPE BONIATERA

Pablo, Yuniel y Andy llevan el mismo apellido, y los une también las mismas intenciones y deseos. El Abuelo, el padre y el hijo, se dedican al cultivo de la planta, que según dicen los guajiros, “es muy buena pa’ la vista”.

Pablo Hernández nació en La Angelina, y allí echó su vida, que ya suma 70 años. Ahora ayuda al hijo, quien dirige las labores de la finca.

Boniateros en La Angelina

Sobre la calidad de los suelos, el más experimentado de los Hernández, afirma: “son buenísimos para trabajar, es como una arena, no necesitamos turbina para el riego, por mucha seca que haya siempre hay humedad. Posiblemente esta sea la mejor tierra de Matanzas”, me confiesa Pablo en pleno surco.

A su espalda una cuadrilla de hombres colocan los sacos en la carreta halada por el tractor que maneja su hijo.

“A esta zona se le conoce como la tierra del boniato, aquí todo lo que sea vianda se da muy bien, con excelentes rendimientos, los sacos están superpesados. Esta variedad, Avileño 3, es muy grande”, acota el padre.

Yuniel Hernández siguió el camino de su progenitor. “Cada año obtenemos de 40 a 50 quintales por cordeles y de 13 mil a 14 mil quintales por caballería”, manifiesta, mientras descansa unos segundos bajo una mata de guayaba.

“Debido a las características del suelo, arenosos y frescos, los rendimientos siempre van en ascenso. Luego de una buena preparación de tierra, sembramos los bejucos. Incrementamos su número en vara desde hace algún tiempo.

“Antiguamente se sembraba la mitad. Pero si hay más madre, como llamamos al bejuco, habrá más boniato, y por ende, más comida.

Después de la cosecha dejará descansar la tierra hasta septiembre, para cultivar frijol.

estibando boniato

Este año se ha comercializado bien- afirma el joven productor- porque han venido rastras de muchos lugares, pero sí hay problemas con los sacos.

Al comenzar la recogida, chapean primero con un equipo, y después una cosechadora extrae la raíz, para que los obreros los ensaquen. Más tarde estibarán estos a la carreta del tractor, con destino al roblar.

A LA SOMBRA DE LOS ROBLES

En el centro del pueblo hay una arboleda de robles, que los lugareños nombran el roblar. Allí, desde hace años, erigieron una especie de centro de acopio, adonde los campesinos dirigen las carretas con el alimento.

En el pasado la carga demoraba días y semanas, hasta ser acopiada. Hoy los productores agradecen la llegada de camiones de Pinar del Río, Holguín, Granma o Camagüey.

Mientras los estibadores trasladan los sacos de la carreta, hacia el camión, Osmel Caballero, comprador de acopio, anota la cantidad de quintales. Asegura que diariamente se acopian un promedio de mil 500 sacos, pero en ocasiones, la cifra puede llegar hasta 3 mil, “algo que solo se aprecia aquí en La Angelina”.


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