Posteado por: arnaldomirabal | 4 junio, 2013

Félix Castro: nueve décadas junto al surco

Félix Castro

El veterano productor Félix Castro disfruta recorrer su finca con los primeros claros del día, o en las tardes, cuando el sol amaina. Mientras camina, con pasos cortos y apoyado de un bastón, otea cada centímetro del sitio. Luego se sienta en un taburete de la terraza a masticar cigarros, una vieja costumbre que a sus 90 años no desea eliminar.

Desde sus palabras se puede tramontar surcos, ríos y montes, o grandes cosechas. Toda su existencia ha transcurrido en el campo, pero el tiempo no ha mellado su memoria. Papero de nacimiento, recuerda cuando comenzaron a cultivar el tubérculo en Perico, por allá por los años 30 del siglo pasado.

Félix dedicó casi toda su vida al cultivo de la papa. Para muchos, es uno de los que más sabe de las interioridades de esta vianda en la isla.

Incluso, después de jubilado, le pidieron que regresara a la cooperativa Alberto Hernández y accedió sin pestañear. Ese año la cooperativa acaparó muchos titulares al convertirse en la mejor del país con más de 80 mil quintales cosechados.

Quizás por aquel prurito de alcanzar la inmortalidad que nos embarga a los humanos, nada satisface más a un hombre que ver como su obra tiene continuidad. Posiblemente a eso mismo se deba el brillo en los ojos de Félix, cuando observa a su hijo Felito, inclinado en el campo, siguiendo sus pasos.

Felito (hijo)

El conocimiento del padre, y la juventud e ímpetu del hijo, revivieron unos suelos donde no se daba ni la caña. Transportaron grandes cantidades da gallinaza para rejuvenecerlos, y durante un tiempo no sembraron nada, hasta que estos se recuperaran.

Hoy quien viaje a Perico, notará una hermosa finca justo a la entrada del entronque del Batey España. Todo el año permanece sembrada, y siempre predomina el verde. No hay un palmo de tierra sin plantar. La rotación de los cultivos es constante, y se intercalan.

Del padre aprendió Felito la constancia y seriedad en el trabajo. Nunca pronuncia frases como “después, o mejor mañana”, menos aun “esto es imposible”.

Por eso ni las lajas de canto que pueden extraerse si no se ara con cuidado, ni los suelos pedregosos, ni cultivar en secano, han sido impedimentos para el agricultor.

El viejo Félix asegura que la naturaleza tiene sus secretos, y solo con buenas prácticas y experiencia, y sobre todo respetándola y protegiéndola, uno logra a desentrañarlos.

Félix Castro

“Estos suelos permanecen blanquecinos durante el día, medio arenosos, pero en las noches se produce un fenómeno que yo le llamo capadridad, que es cuando el agua sube a flor de suelo, como le sube el combustible a la mecha de una lámpara”, me cuenta el veterano.

Nueve décadas, casi un siglo, y Félix aún conserva la vitalidad del hombre de campo. Su memoria es casi envidiable, y hasta improvisa décimas.

Muchas cosas han cambiado, y un nonagenario el mundo actual bien pudiera resultarle a veces complicado. Pero para él lo más complejo es el cambio climático: “hoy las necesarias lluvias se atrasan o se adelantan, lo mismo la tierra agoniza por la falta de agua, que sobreviene un torrencial y lo inunda todo. El tiempo se está corriendo”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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