Posteado por: arnaldomirabal | 4 junio, 2013

Acaparadores ¿un mal necesario en Cuba?

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Paso a paso se han ido entronizando en la sociedad cubana las nuevas medidas que el país impulsa en la actualización del modelo económico cubano. Sin sobresaltos mayores, ya en los barrios existen timbirichis, locales arrendados para salones de belleza, y demás.

Sin embargo, con tales disposiciones surgió un personaje que le roba la sonrisa a más de un matancero. Se trata de los acaparadores. Que si bien existen desde que los humanos comenzaron a comerciar, en los últimos tiempos se ha convertido en un flagelo.

Bien lo sabe Jorge, quien hace unos días me comentaba indignado, como era posible que alguien comprara todas las botellas de ron de 30 pesos, disponibles en una cafetería de Perico. Y lo peor, que la administración del local lo permitiera.

Alguien alegará que la función de los establecimientos estatales es cumplir el plan de circulación mercantil, pero no es así. Lo primero es satisfacer las necesidades de los clientes, y hacer valer aquel moribundo slogan que asegura que este siempre tiene la razón.

Moribundo porque la mayoría de las veces no es el cliente quien lleva la voz cantante, sino quien presta el servicio. Así de invertida está la pirámide. Como aconteció hace un tiempo en el municipio de Los Arabos, cuando un vehículo procedente de otra provincia “acaparaba” un gran volumen de galletas, ante la mirada desaprobadora de la población.

Cuando tan desagradable situación fue del conocimiento de las autoridades partidistas del territorio, fue combatida sin miramientos, pero desgraciadamente no siempre llegan a los oídos pertinentes, ni se combaten a tiempo, antes de causar el malestar.

En ocasiones a los ciudadanos puede ganarle la apatía, cuando observa como el mal se reproduce y nadie corta por lo sano.

Es cierto que el país no está en condiciones de asegurarle a los cuentapropistas las mercancías necesarias, mediante una red minorista que solvente su negocio. Pero el pueblo trabajador no tiene por qué pagar los platos rotos.

Primeramente, porque el trabajador honrado cumple con su horario laboral, y muchas veces, las rebajas de precios en las tiendas favorecen a los desvinculados, o quienes tienen bastante tiempo libre para estar al tanto de lo que se cae, o llega.

Tal parece que existe una red muy eficaz de comunicación en las tiendas recaudadoras de divisa y demás establecimientos, porque yo mismo nunca me he enterado con tiempo cuando arriban las mercancías baratas, o con descuentos, para después encontrarlas a tres o cuatro veces su valor.

Para los acaparadores no existe desabasto de materias primas. Se las ingenian para que no escasee productos indispensables como frazadas de piso, jabones, detergente, ect, etc.

En muchos países acaparar es un delito. Hace muy pocos días veía una serie extranjera, donde en un mercado se fijaba un límite a la cantidad de productos a adquirir. Si sabemos que en nuestro país muchas veces la oferta no satisface la demanda, ¿cómo algunos se dan el lujo de “cebar” un mal innecesario como el acaparamiento?


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