Posteado por: arnaldomirabal | 21 mayo, 2013

Policía, policía ¿aún eres mi amigo? (Segunda Parte)

Policía cubana

Un amigo de los buenos, de esos que se marchan pero nunca se alejan, me increpa desde Texas, porque asegura que la policía cubana no emplea la violencia desmesurada, la extorsión, ni el chantaje, como sucede en otros países.

Mi amigo Alejandro tiene razón. Pero yo solo conozco a la policía de mi país, y esa es la que desearía ganara en profesionalidad. Una empresa imposible para acometerla desde un blog, pero yo, como Silvio, también hago una canción, o un post,  sobre mi derecho a hablar.

Hace mucho, pero mucho tiempo, vengo escuchando en las calles de mi ciudad sobre la falta de profesionalidad de los agentes del orden. El asunto viaja de boca en boca, lo mismo brota en una parada, en el interior de un ómnibus, que en un restaurante o la playa. Aún así, los medios callan sobre el tema, por aquello de qué dirá el enemigo.

Para ahondar en este tema tan álgido y polémico, preferí consultar a Adrián Chávez, un joven ex policía, quien prestó siete años de servicios en la Policía Nacional Revolucionaria.

Con solo 17 años, al culminar el Servicio Militar, integró al citado cuerpo.

“Primero fui infantero, denominación que se le da a los policías que prestan servicio a pie. Después pasé a oficial de guardia, más tarde jefe de sector, y por último oficial operativo del Departamento Técnico de Investigaciones (DTI)”, refiere Chávez.

“Entré en octubre de 1987, tras una captación del MININT, cuando cumplía el Servicio Militar”.

Adrián reconoce que en los últimos años la policía ha perdido profesionalidad, lo cual se puede apreciar a simple vista, desde el propio uso incorrecto del uniforme.

“Antes no podíamos hablar ni con las mujeres cuando estábamos de servicio. Nos caracterizábamos por el buen trato y postura marcial al recorrer las calles. Hoy faltan muchas cosas, y cuando analizas son fáciles de solucionar”, advierte.

“Antes los jefes tenían mucha experiencia, signada por años de trabajo. Arribaban cuando apenas eran unos adolescentes, y se hicieron hombres maduros dentro de las filas. Amaban lo que hacían. Eran muy exigentes”.

“Pero el Período Especial incidió mucho. La crisis de los 90 no solo afectó la economía del país, si no todos los preceptos y valores éticos que habíamos alcanzado en la sociedad, y nosotros éramos parte de esa sociedad.

Adrián recuerda cómo tuvieron que lidiar con nuevos fenómenos como la dolarización, el turismo, la droga, la prostitución. Eso cimentó las condiciones para que creciera la corrupción, incluso, dentro de la propia policía.

“Nosotros nos superábamos, existían muchos cursos, incluso nos convertíamos en abogados, pero quien continuaba estudios decidía abrirse camino en la vida civil.

Él comparte la opinión de parte del pueblo, sobre la falta de profesionalidad de las fuerzas del orden. Y según explica, el principal problema recae en la selección del personal.

“Esta se ha flexibilizado mucho, antes era mucho más estricta. No sabes las veces que escucho la frase: ¡mira a fulanito, tremendo bandolero y ahora es policía!”.

“Y la política de graduación era más rigurosa también. La técnica se conservaba mejor, y no se trata de recursos, si no de disciplina. La tripulación cuidaba su patrulla como a la niña de sus ojos. Porque el control era diario.”

“La policía inspiraba respeto, eran muy disciplinados. Teníamos un código de ética muy estricto y los jefes velaban celosamente por su cumplimiento.

“Gozaban de mucho prestigio entre la población. Se ha perdido la marcialidad en el personal. Y cuando la población civil visita las instituciones, estas no parecen unidades militares, dado el relajamiento e irrespeto que impera en algunas”.

Adrián también se refirió al importante papel del Jefe de Sector en los barrios cubanos. Cargo que ocupó en el populoso barrio de Pueblo Nuevo, en esta ciudad de Matanzas.

“Nuestro papel en el barrio era profiláctico. Yo contaba con la experiencia de años de trabajo de otros jefes de sectores. Nos encargábamos de buscar empleo a los jóvenes desvinculados. Manteníamos un vínculo estrecho con la comunidad y los principales actores del barrio. Nuestra función era preventiva. Contribuíamos a la formación de los jóvenes, no a su ingreso a las prisiones. Hoy noto que no se trabaja en la comunidad. Yo ni conozco al jefe de sector del lugar donde vivo”.

Aunque hace ya varios años que Adrián decidió desmovilizarse de la PNR, le arroba la nostalgia cuando se recuerda uniformado de azul. Añora que esta recupere el prestigio de antaño, “hoy lo que escucho en la calle es muy negativo. En mis tiempos jamás lo oí”.


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