Honestidad es decir lo que se piensa

honestidad2007 (1)

Hace unos días me encontraba en una de esas reuniones, donde uno llega a creer que vive en el mejor de los mundos posibles, como el Cándido de Voltaire.

Todo transcurría en calma, y cuando alguien pedía la palabra para emitir una especie de apología, o perorata sobre esto y aquello, donde al parecer todo era perfecto.

De improviso un hombre pidió la palabra, y tras la breve frase de “Voy a hablar”, sirvió de preámbulo a la bomba que arrojaría sobre el auditorio.

Digo bomba, porque apenas el interlocutor tomó el micrófono en sus manos, comenzaron los movimientos en las sillas, mientras otros se pasaban las manos por la frente, presas de la inquietud.

Disfruté los rostros de las personas: los que asentían ante cada palabra emitida; los que quizás poyaban los criterios esgrimidos, pero entendían que no era le lugar más apropiado para ventilarlos.

Era una fiesta las miradas adustas y el desconcierto de varios, puede leer sus miradas el deseo de que la tierra se tragara al discordante compañero.

Me llamó la atención que los señalamientos eran verdades manejadas por todos, aún así, causaba resquemor el oírlas. Yo agradecí tal muestra de sinceridad por parte de aquel hombre, que no temió represalias futuras. Simplemente dijo lo que sentía y pensaba.

Por mucho que Raúl nos convide a emitir nuestro criterio, y suscité el debate, todavía pululan quienes hacen caso omiso a las palabras del presidente cubano, y acallan a los herejes.

Mientras pensaba en esas cosas, me vino a la mente aquella frase martiana que estremeció mis sentidos: “quien no dice lo que piensa, no es un hombre honesto”.

Entiendo entonces con amargura, que durante años en Cuba se alimentó la deshonestidad. Debíamos acallarnos ante decisiones infelices porque “venían de arriba”.

Alimentamos el verticalismo y cebamos los errores, al punto de recibir en pequeños pueblos tropicales, máquinas barredoras de nieve. Y a nadie se le permitió criticar tamaña barbaridad.

Recuerdo que cuando era niño, antes de recibir alguna visita institucional, nos leían la cartilla, “no critiquen nada de la escuela, menos la alimentación”.

Así fue creciendo, hasta que ingresé a al Universidad y constaté, que la enseñanza superior era un hervidero de cuestionamientos sobre la realidad cubana.

Pero aunque la isla se actualiza, y estamos convocados a debatir, y hasta se dieron cuenta que la unanimidad quizás nunca existió, solo personas deshonestas que decidieron levantar su mano y asentir para no meterse en problemas, aún así, tememos desentonar.

La realidad puede ir por un lado, y los planteamientos en las reuniones, por otro.

Recuerdo que el intelectual revolucionario Alfredo Guevara recientemente fallecido, nos conminó una y otra vez, a ser herejes, pero seguimos temerosos y preferimos callar, para evitar buscarnos problemas ante una opinión esgrimida.

En un centro de profesionales, difícilmente un directivo o funcionario pueda reprimir impunemente al hereje, o llevarlo a la hoguera.

¿Pero y en una fábrica? Allí a veces el sindicato es simple instrumento de la dirección, y los directivos pueden expulsar a un simple trabajador por acercarse a la prensa y decir lo que piensa.

Estos 50 años de Revolución han sido de gloria, pero no se pueden olvidar los errores, y muchos de ellos se pudieron evitar si hubiese reinado la honestidad de decir lo que se piensa.

 

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Un comentario en “Honestidad es decir lo que se piensa”

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