Posteado por: arnaldomirabal | 28 febrero, 2013

El Capitalismo cornea a “disidentes” en España

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  • -Se alimentan de sobras de restaurantes aledaños
  • -Montaron vigilancia cederista

Seguramente cuando en julio del 2010 un de grupo mercenarios cubanos vio la oportunidad de viajar a España gracias a la mediación de la Iglesia Católica, se frotaron las manos y raudos y veloces hicieron las maletas.

Mejor vivir en la madre Patria que en una islita comunista, pobre y bloqueada. Quizás hasta pensaron dejar a un lado el teatrito de los derechos humanos y dedicarse a trabajar. Cuba se les antojaba un infierno y España el paraíso.

Pero El Señor obra de manera misteriosa. Al poco tiempo de desembarcar del avión, la cruda realidad les propinó un duro golpe que les trastocó la noción de todas las cosas.

Resulta que España no era la tierra prometida, y el capitalismo, ese sistema que soñaban implantar en Cuba, tampoco es el mejor de los mundos posibles. Allí pululan males que en la islita se desterraron hace mucho, como los desahucios y el desempleo, y la privatización de la salud y la educación.

Duro fue el “trastazo” que les descorrió el velo de los ojos, y acabó el embelesamiento con el capitalismo. Emergió de pronto un panorama tan sombrío y tenebroso que Santiago Du Bouchet, uno de los llamados disidentes, se quitó la vida para engrosar la larga lista de suicidios que se ha cobrado la crisis ibérica.

Se sienten engañados, dicen, porque pensaban que de aquel lado del atlántico también vivirían del cuentecito de los derechos humanos, y resulta que allá ni los propios españoles tienen derecho a trabajar, menos a la salud, porque gran parte del sector ha sido privatizado. Y algo muy normal en un gobierno democrático, si protestas se te reprime con balas de goma.

Tan difícil se les ha puesto la situación, que algunos prefieren regresar a Cuba, porque saben que aquí eran dueños de sus casas, y que con algo de dinero alcanzaba para vivir.

Lo gracioso, (si gracioso puede ser las penurias de un grupo de infelices que fueron por lana y terminaron trasquilados), resulta que salieron de un sistema socialista, donde según ellos se les violaban sus derechos, y organizaron las mismas payasadas de dejar de comer. En un principio lo hacían para que las autoridades españolas le ayudaran, ahora no tienen de donde agenciarse el sustento, por lo que, ironías del destino,  crearon una especie de comunidad comunista.

Reseña un medio de prensa que un grupo de estos ciudadanos viven en un campamento, cerca de la Plaza Mayor, en Madrid; y llegada la noche un miembro realiza guardia nocturna mientras el resto intenta dormir. Dependen de las sobras de alimentos donadas por restaurantes de la zona, asegura un rotativo.

A lo mejor en las frías noches madrileñas añoren la tierra que dejaron atrás, y hasta la libreta de abastecimiento que racionaba la comida, pero que cada mes aseguraba las siete libras de arroz, el pan diario, y el pollo por pescado.

Incluso deben extrañar la guardia cederista, que se ven obligados a hacer ahora, porque la muerte en España se ha hecho tan común como el hambre, el desempleo y la represión.


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