Posteado por: arnaldomirabal | 26 febrero, 2013

Esteban Lazo siempre con el pueblo

Esteban Lazo Hernández

Si me preguntaran cómo quisiera que fueran los dirigentes de mi país, diría que como Esteban Lazo. Para los matanceros Esteban Lazo es el eterno dirigente de la provincia. Seguramente cuando resultó electo como presidente a la Asamblea Nacional del Poder Popular, muchas personas aplaudieron la decisión, y secundaron las palabras de Raúl Castro al destacar en el político negro su modestia, digna de admiración y respeto, y su integridad y fidelidad a la Revolución.

Siempre lo digo en voz alta pa’ que me escuchen, sin que parezca un “teque” o arenga política: porque conozco a hombres como Lazo, lucho rodilla en tierra por mantener la continuidad del proceso cubano.

Hay cosas que marcan a uno desde niño. Cómo olvidar a aquel camionero que se apeó desde su vehículo en marcha para abrazar a un negro alto y canoso. Aunque yo no rebasaba los 6 años, recuerdo que el abrazo era una mezcla de gratitud, respeto y admiración.

Nací en la década de los 80, cuando Lazo ocupaba el cargo de máximo dirigente partidista en mi provincia. Entonces Cuba reía, como dicen los viejos, para describir los aquellos años de bonanza económica matizada por nuestros estrechos vínculos con el Campo Socialista.

Es cierto que a un dirigente le resulta más fácil hacer política cuando el pueblo tiene el estómago lleno, y los almacenes están repletos de piezas de repuesto, y las maquinarias y el petróleo llegan en barcos desde la hermana URSS, (que después supe no era una sola sino varias hermanas, y algunas con relaciones filiales impuestas a la fuerza.)

Digo esto, porque algunos me han dicho que Lazo descolló porque no le tocó bailar con la más fea: el Período Especial; y yo respondo, sí bailó y con pasos atinados, y en dos de las provincias más difíciles de Cuba, por el número de habitantes e importancia económica. Me refiero a Santiago de Cuba y La Habana. En ambas realizó un meritorio trabajo, al punto de ser designado miembro del Buró Político y Vicepresidente del Consejo de Estado.

Según algunas informaciones en la red, Esteban Lazo es el culpable de las deficiencias de la prensa cubana, porque según dicen, ejercía el control desde el Departamento Ideológico del Comité Central del Partido.

Realmente creo que el mal ejercicio de la prensa en Cuba responde a muchos factores, y hasta nosotros los periodistas llevamos algo de culpa. Nuestras carencias no se le pueden achacar a una sola persona.

Me llama la atención que los medios de derecha apenas destacaron la trayectoria del político negro. Hace unos días, en La Habana, Lula decía de Evo que era Indio y hablaba como Indio. Pues sí, Lazo es muy negro, y puede que hasta hable como negro. Su dicción no es perfecta, pero al pueblo le llegan sus mensajes sinceros y sencillos. (Que me perdone Nancy Morejón y Esteban Morales, dos negros de perfecta dicción, y hasta la embajadora cubana en Inglaterra, Ester Armenteros, la mujer de más fino hablar que escuché en mi vida.)

Si Lazo fuera blanco, quizás sería igual de bueno como político, pero cuando le veo, pienso en los mambises de piel oscura que tan importante papel jugaron en las Guerras de Independencia, para después quedar olvidados por la República de 1902 que tanto defienden los miamenses y los mercenarios de Cuba.

Ya Quintín Bandera puede descansar tranquilo, un negro cubano dirigirá la Asamblea del pueblo. Un negro bueno que nació en una comarca con nombre de mujer esclava que decidió rebelarse contra el déspota amo. Lazo nació en la Carlota, pueblo de Jovellanos, anteriormente conocido como Bemba por la numerosa población de descendencia africana.

Quizás muchos no saben que Lazo conoció al Che cuando era un bisoño dirigente estudiantil. Ambos llevan algo en común, ocuparon altos cargos en el Estado, y aún así se destacan por su sencillez.

He tenido la oportunidad de participar en dos recorridos junto a Lazo. La primera vez desandamos un central azucarero, y me llamó la atención su sagacidad. No permitía que nadie le “pasara gato por libre”, sin dejar de ser atento y delicado.

Luego, dejó a un lado la solemnidad que caracterizan a las reuniones con figuras de primer nivel, para saludar a un obrero veterano. Recordaba su nombre y apellidos. Una de sus cualidades que los matanceros bien recuerdan.

Una viejita, antigua recepcionista de la Emisora Provincial Radio 26, me aseguró que cuando él llegaba al recinto, saludaba a todos por su nombre, desde la auxiliar de limpieza hasta el cocinero.

Un cañero me confesó lo mismo. Según dice, Lazo se aparecería a las 4 de la mañana en un pelotón cañero saludando a todos, y hasta conocía los nombres, para después motivarlos a cortar caña con el frescor de la madrugada, marchando él a la vanguardia. Como hacía el Che.

En el segundo recorrido supe más de su vida, de sus años al frente del Partido en el territorio, de su pasión por la pelota, que jugaba cada tarde.

Presencié aquella vez, como al transitar por la principal arteria de mi ciudad, las personas se le acercaban para saludarle, desde las señoras más entradas en años, hasta los más guapos del barrio. Todos le tributaban cariño y respeto.

Debo decir que es difícil emular con Lazo como dirigente, ya es algo así como un mito, al menos en Matanzas. Si algo marcha mal, enseguida se escucha decir: “esto con Lazo no pasaría”, o “qué falta nos hace Lazo”.

Lazo, el negro grande de Jovellanos, es un ejemplo del cariño del pueblo cubano a sus dirigentes, sentimiento que nada, ni las carencias, ni la cizaña, podrán romper jamás.


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