Posteado por: arnaldomirabal | 6 febrero, 2013

Lo que no se dice de los viejitos en Cuba

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Hace unos días leía un titular en El nuevo Herald que aseguraba que los jubilados en Cuba no pueden dejar de trabajar. No me adentré en el texto ya que citaba como fuente a los trasnochados mercenarios cubanos que reciben un salario por mentir sobre la isla.

Además, reconozco que nada o casi nada de lo que se publica en El Nuevo Herald sobre Cuba es objetivo, así que decidí reflexionar sobre el tema desde el portal de mi casa, saludando a Zoila, una veijita dicharachera y muy alegre que recoge laticas de cerveza y refresco que después vende como materias primas.

Quizás por su ánimo y ganas de vivir, tiene muy buenas manos para las plantas, otra forma de agenciarse un poco de dinero.

“La vida en Cuba está dura”, me dice Bebo mientras hace su recorrido diario en busca de cigarros a menudeo. Bebo se pasa el día sentado en el contén del barrio con un periódico en la mano.

Su esposa Matilde tiene una contrata en un hospital como auxiliar de limpieza. Son muchos en su casa, pero una de sus hijas es camarera en un hotel, y el varón, conocido como El Nino, se gana la vida como pintor, oficio bien remunerado. Su padre no tiene más preocupación que hablar de pelota.

La población cubana envejece, y desde antes ya el país trabajaba para mejorar las condiciones de vida de los ancianos. Pero a la prensa extranjera no le interesan tales logros sociales.

Reprimen a jubilados en Grecia

Reprimen a jubilados en Grecia

Omiten que mientras los jubilados griegos son reprimidos por las fuerzas policiales, en Cuba practican ejercicios en los parques, existen círculos de abuelos que realizan actividades culturales, y que desde hace años creamos la Universidad del Adulto Mayor.

A solo metros de donde trabajo existe un Centro de Atención a la Familia, encargado de alimentar a los abuelos de pocos recursos.

No hablaré de los otros compatriotas que se jubilan a regañadientes porque no soportan el sillón de la casa, por eso Heriberto cuida el parque de su barrio, la viejita Marta vende café, y Tomás encontró su nueva pasión: pescar en la costa.

En Cuba hay muchas cosas que arreglar, pero si algo funciona bien, (aunque como todo, es perfectible) es la atención de los ancianos.


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