Posteado por: arnaldomirabal | 21 enero, 2013

A veces quisiera lanzarle piedras a la SINA

Si no fuera por estos policías tiraría una piedra a la SINA y echaría a correr como un chama

Si no fuera por estos policías tiraría una piedra a la SINA y echaría a correr como un chama

Hace algún tiempo un amigo de la infancia decidió marcharse del país. Él proviene de una prestigiosa familia de médicos matanceros. Recuerdo nítidamente que cada vez que nos íbamos a las manos en la primaria, (porque éramos muy buenos amigos, razón por la cual siempre estábamos fajados) y nos amenazaban con ponernos una mancha en el expediente, mi compinche lloraba, con la misma fuerza con que minutos antes me había sujetado el cuello. Lloraba porque su mayor sueño era ser estomatólogo como sus padres.

Siempre me llamó la atención cómo alguien pudiera tener tan claro lo que quería ser de grande. Con los años mi amigo se convirtió en excelente doctor, conoció a una muchacha extranjera, se enamoraron, y decidieron construir su vida fuera de Cuba.

Tiempo después su hermana, excelente doctora también, emigró. La historia no hubiera transcendido más allá, porque la migración y todos sus matices ya forman parte de la cotidianidad del cubano.

Algunos dirán que el robo de cerebros es un mal que lacera el desarrollo del tercer mundo; otros en cambio, blandirán la triste realidad de que muchos profesionales cubanos, “que se quemaron las pestañas estudiando” no deberían estar en la base de la pirámide social, sin más prebendas que un salario que no alcanza para vivir.

Pero la historia finalmente transcendió porque los hermanos de mi historia, que crecieron conmigo, que con quienes intenté construir un palomar en el techo de mi casa, hoy viven lejos de sus padres, y cuando estos quisieron visitarles, en la SINA le manifestaron que solo podían otorgarles visado definitivo, sin retorno; les obligaban a convertirse en emigrantes en contra de su voluntad.

En la Oficina de Intereses de Estados Unidos en la Habana, el país que se autoproclama el más democrático de todos, violaron los derechos de un viejo matrimonio que solo quería reencontarse con sus hijos. Les obligaron a viajar a un tercer país, de lo contrario  debían salir definitivamente de su nación.

Lo confieso, a veces sueño con construirme un tirapiedras de gajos de guayaba, y con una liga de bicicleta lanzar seborucos a los cristales de la SINA. Si no lo hago es porque el precio a pagar es muy alto, el edificio está custodiado por policías cubanos, pero también sé que como John Lennon, dirán que soy un soñador, pero no soy el único.

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