Posteado por: arnaldomirabal | 19 diciembre, 2012

Diciembre huele a chicharrón…

Cachirulo me mira como si yo fuera un asesino a sangre fría

Cachirulo me mira como si yo fuera un asesino a sangre fría

Criar un cerdo en Cuba tiene su maña y su cosa. Debes comprarlo al destete, con apenas 45 días de nacido por un valor de 500 pesos. Lo duro viene después: la limpieza diaria, para evitar protestas de los vecinos, quienes a la larga se volverán tus cómplices al suministrarte salcocho, algunas veces con la esperanza de que el día del sacrificio le obsequies al menos un chicharrón.

Desde que tengo uso de razón en mi casa siempre criaron puercos. Cada año empezaba el ritual: comprarlo, desparasitarlo, alimentarlo, para en el último mes del año acabar con su vida, y hacer más placentera la nuestra.

“Un cerdo es una alcancía”, aseguran en mi barrio, y creo que sí, porque la carne de cerdo es muy cotizada en Cuba, aun más en los últimos tiempos. Por eso no tener que comprar carne, y además vender, nos hará un poco más felices al menos por unos días, porque ya sabemos que la felicidad en casa del pobre dura poco. Pero mientras el palo va y viene, al menos durante un tiempo, nos empacharemos con carne.

En mi casa antes se mataban y se vendían en piezas. Siempre me gustó levantarme en la madrugada, y apilar la leña para hervir el agua con que se afeitaría el puerco, porque un chicharrón con pelo resulta desagradable.

En todos los barrios cubanos siempre hay un matarife experimentado. En mi cuadra se llama Felo. Cuando le introduce el cuchillo el animal apenas sufre, de una sola puñalada le perfora el corazón y ni chilla.

Hay cerdos chillones que avisan a todo el barrio cuando tienen hambre, otros son más discretos. En el Período Especial, cuando la necesidad obligaba a criarlos hasta en los baños de edificios multifamiliares, hubo quien les operó las cuerdas vocales para que no emitieran sonido alguno.

En Cuba sacrificar un puerco es casi una fiesta. Mientras lo limpias, y separas los perniles, las paletas, el lomo, vas friendo chicharrones acompañados de tragos de ron o cerveza, y risas, y chistes picantes. Yo no cambio ese ambiente por ninguna navidad anglosajona.

Entonces te das cuenta que valió la pena haber pasado un año limpiando el corral, transportando comida, bañándolo, si al final puedes asar un pedazo de carne con carbón, y es que nada se compara a la carne asada con carbón, y al olor, ¡Ese olor que desprende! Un cerdo asado es un sitio sagrado, una especie de tótem donde se reúne la familia y los amigos, para rendir pleitesía.

Este año aprendí que lo que nunca puede hacer un criador de cerdo,  es encariñarse con el animal, menos ponerle nombre. Así que me las veré muy mal este diciembre. Debo acabar con la vida de Cachirulo, un puerquito que disfruta mi presencia y que aprendí a querer.

Sé que no solo ve en mí a quien le alimenta. Cuando le baño, recuesta la cabeza en el muro del corral y se queda quietecito para que le restriegue las orejas y el lomo con una vieja escoba. Luego se echa en el suelo para que le haga cosquillas en la barriga, y me embarga un gran sentimiento de culpa.

Él ignora que a veces, cuando le veo sus perniles, calculo las libras que tendrá y los bistec que les extraeré. Este año decidí no acabar con su vida…..que lo mate otro. En honor a la verdad nunca he matado un puerco, lo mío es comérmelo, y las costillas fritas son mi porción predilecta.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: