Posteado por: arnaldomirabal | 21 noviembre, 2012

¡Caruca corre! ¡Hay frazadas de piso!

Los domingos pueden ser días apacibles, hasta que alguna vecina bullanguera, de las que abundan en mi barrio, te saca de la soñolencia con sus gritos y fuertes toques en la puerta, mientras tú tratas de dormitar en el sofá de la sala, sin ganas de nada, porque justamente es domingo.

Pero días atrás no maldije, todo lo contrario, me incorporé al instante y eché a correr; luego me detuve, regresé a casa, cogí las migajas que quedaban de mi salario, y nuevamente salí a la calle impetuoso: en un establecimiento comercial cerca de casa, vendían frazadas de piso, a 20 pesos en moneda nacional.

Al llegar dudé un poco, porque el lugar estaba casi vacío, una señora con su niña compraba y pude escuchar cuando la pequeña le advertía a la mamá que adquiriera más, que después desaparecían.

Me sorprendió la sagacidad de la muchachita, y me arrasqué la cabeza, ya que esos eran mis únicos 20 pesos. Pensé en los revendedores, y en como pasado algunos días vocearían en mi barrio: ¡Frazada de piso a treinta pesos! Me detuve en el estante, y me extasié ante tantas frazadas juntas.

Le pregunté a la dependiente si volverían a sacar, ante mi desazón, me tranquilizó: “no te preocupes, dile a tu esposa que por algún tiempo habrá bastante, llegó un barco de no se dónde, con suficiente materia prima”.

Yo que ya estoy adaptado a esas frases optimistas -soy periodista- di margen a la duda y paso a la resignación. La buena nueva no era para mi esposa, que no tengo, más bien para la vieja Caruca, mi mamá, y sobre todo para mí, quien limpia en casa para darle una manito a mi Pura, que está viejita.

Aunque los domingos son días para descansar esta vez decidí romper la rutina. No siempre una puede limpiar como Dios manda. Hacía varios meses que acometía esa labor hogareña con viejas prendas de Caridad.

Pero al llegar a casa e intentar botar las ajadas sayas, de improviso sentí un grito: “no las tire mi’jito, que las frazadas se pierden.” Y mi madre casi siempre tiene razón.

No obstante, me di un gustazo trapeando con frazada nueva, aunque fuera domingo. Es totalmente diferente, el piso no se empaña, ves hasta tu reflejo en el suelo, y con dos pasadas ya todo está seco. Reconozco que el acaparamiento es un delito penado por la ley, así que estoy pensando en coleccionar -pa’ cuando cobre claro, y si aún quedan- frazadas de piso.


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