Posteado por: arnaldomirabal | 15 noviembre, 2012

Violencia, harina y reggeatón

Hay violencia en mi comarca, hasta ayer apacible. Frecuentemente llegan a mí comentarios sobre hechos de sangre en el barrio, y como siempre, los socios preguntan cuándo la prensa cubana se hará eco de esa otra realidad.

Esa idea me daba vueltas en la cabeza al llegar al periódico, pero al acceder a facebook choqué de frente con la fotografía de un suculento sándwich, y para fastidiar un poco decidí subir un plato de harina de maíz tierno, con huevo frito y aguacate.

Llegué a la conclusión de que para que en Internet aparezca un sencillo plato a base del milenario maíz, debo tirar yo mismo la foto, en cambio, tropecé con el blog La Chiringa de Cuba.

Allí leí un post sobre un suceso acaecido en Ciego de Ávila, cuando un grupo de seguidores de reggaetón irrumpió violentamente  en un concierto de trova, exigiendo escuchar su música.

En mi barrio hay harina, violencia y reggeatón, y no creo que al suprimir el último, exista variación alguna en las dos primeras.

No se trata de prohibir, algo ya imposible con el desarrollo de las nuevas tecnologías. A Los Aldeanos nunca lo pasan por los medios de difusión, y en mi vecindario  hasta los mayores conocen sus discos.

No creo que la violencia en Cuba la provoque solo el reggeatón o la timba. Creo que el fenómeno es un poco más serio que arremeter contra un género, o un segmento de la población cada vez mayoritario. La violencia existe, el reggeatón  se hace eco de ella y la trasmite.

¿Qué hacer con las nuevas generaciones que imitan a los exponentes de ese género? ¿Exigirles que se cambien el peinado y les arrebatamos las memorias flash? Mi vecinito Dairelito con sus diez años apenas, ya empezó a presumir y se peina como El Príncipe, un cantante de reggeatón. Le pide prestada la cadena de oro a su padre, y se pone a jugar trompos ante las miradas extasiadas de las niñitas de la cuadra.

Es cierto que los artistas imponen conductas y modas. Entonces, desde mi humilde opinión, lo importante es proponer, o al menos mostrar que existen otras músicas, u otras modas.

Los espacios que gozan de los mejores horarios televisivos, siempre pasan los mismos cantantes. En una semana he sufrido a determinada agrupación musical en cuatro programas diferentes. Pero,  y esos que no se pasan por la radio y la TV, y te aturden desde un bicitaxi, un almendrón, o cualquier fiesta.

Sobre la violencia y la música, si bien es cierto que existe la musicoterapia, y que los efectos de esta inciden en el comportamiento humano, creo que la violencia creciente en Cuba, y lo subrayo con toda intención, se debe abordar desde todas las aristas; llevar a cabo un estudio interdisciplinario y con la participación de los medios de prensa. Habrá que realizar una mesa redonda sin tantos ministros.

Desde hace algún tiempo el psicólogo Manuel Calviño aborda el tema en su programa televisivo Vale la pena. ¡Al menos alguien de aparición frecuente en los medios masivos  se ha dado cuenta del fenómeno!

¿Las causas? Pueden ser disímiles, desde la crisis de los 90 que nos emponzoñó el alma, como dijera el poeta, hasta las transformaciones económicas actuales; el papel de la familia en la sociedad y la tan machacada pérdida de valores; resquebrajamiento de las normas elementales de buena conducta, y permisibilidad de la policía, amparadas en un deficiente sistema de leyes, que según la voz popular de mi barrio, “te meten más año por matar una vaca, que por matar una persona”.

Algunos referirán que si la pobreza y la marginalidad, yo creo que no es tan así. La gente más humilde que he conocido son más suave que un pan, pero apartando el romanticismo, seguramente la precariedad de algunos le llevará a cometer actos delictivos y violentos; el consumo de drogas también, y me pregunto, dónde están los trabajadores sociales, ¿ya no hacen falta? ¿y los proyectos comunitarios? Un concierto de Silvio, por grandiosa que sea su música, no lo cambiará todo, creo que casi nada.

Cada preocupación de mi barrio es mi preocupación, y si allí mi gente se desvela por la ausencia de harina o por la muerte de aquel chama bueno que no se metía con nadie, a quien apuñalaron por un pisotón o por su carro, también es mi problema, como cubano y periodista.

Creo que la violencia en Cuba va mucho más allá de un género, lo primero es asumirla como un fenómeno creciente, estudiarla, exponerla en los medios y hacer partícipe a toda la sociedad. Después, quizás seguiremos bailando reggeatón, o en Internet me encuentre la foto de un buen plato de harina.

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Responses

  1. es verdad que es un fenomeno creciente y nunca se le presta la debida atencion,eres el primero que oigo hablar de este tema,esto no es solo en cuba,es global pero lo que me resulta increible es que cuba que siempre fue tranquilo ahora es peligroso andar en las calles y no es por la necesidad porque desde siempre la ha habido y en los 90 cuando estuvo bien dura nadie tenia miedo salir,las gente robaban comida y animales pero a nadie lo asaltaban,ya hoy en dia me da miedo andar solo,te digo de verdad que me da mas miedo andar de noche solo que aqui en USA,los muchachos de 15 anos de esta epoca no tienen nada que ver con la nuestra,me parece que sera muy dificil para ellos creer que los yanquis son los malos pero que todo lo bueno llega desde aqui,me imagino que explicar eso sera dificil,ninguno le gusta trabajar y todos son rebeldes,en fin arnaldo,ojala y presten atencion y los trabajadores sociales que tanto se gasto en esa locura se pongan a ver de que forma se ganan el dinero y que no se lo sigan regalando……saludos

  2. El reguetón es, en todo caso, un medio de expresión de esa violencia, pero de ninguna manera la provoca, además que tanto lío con el reguetón, ya me molesta que hablen mal del género, hasta parece que vive más en la crítica que en el ipod de los adolescentes, dentro del reguetón o el rap (porque mencionas a Los aldeanos) también se hace buena música. Con tanto machismo y cursilería y m… que hay por ahí… (“para ti mi amor, que con tanta paciencia, callada has aceptado esta vida modesta y humilde que te he dado”, es solo un ejemplo).


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