Posteado por: arnaldomirabal | 8 noviembre, 2012

La ignominia de los “disidentes”

Amparados por la oscuridad, como los traidores

Se pueden cometer ciertos errores políticos por la consternación quizás, o por desconocimiento; te puedes levantar una mañana y arremeter contra lo que has creído, porque la dura realidad te hace dudar de todo; pero pisotear los principios de la Nación, su historia, y arrojar un escupitajo sobre la tumba de Martí, es algo bien diferente y repudiable.

Cuba es antiimperialista por naturaleza, no solo porque Fidel le haya escrito una carta a Celia Sánchez en plena Sierra Maestra, en el temprano junio de 1958, donde afirmaba que echaría contra los Estados Unidos una guerra mucho más larga y grande, tras los bombas de factura norteamericana que cayeron en la casa de un campesino inocente.

Ocho años antes, en 1950, el intelectual e historiador Emilio Roig de Leuchsenring, había publicado un libro bajo el título: Cuba no debe su independencia a los Estados Unidos. Sobran las palabras.

Medio siglo antes, desde la manigua redentora, el Apóstol dejaba inconclusa un misiva a su hermano y amigo Manuel Mercado, que se convertiría en documento histórico , donde escribiría: “ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país…de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso”. Moriría un día despúes.  

A 117 años de redactada esa carta, un reducido grupo de apátridas en La Habana decidió votar por el presidente de los Estados Unidos, el mismo país que impidió la entrada de los mambises a Santiago de Cuba el 17 de julio de 1898, al producirse la capitulación de las tropas españolas. Un agravio así jamás será olvidado por el pueblo, pero los mal llamados disidentes lo olvidaron.

El siglo XX comenzó con lo que Martí advirtiera. Los Estados Unidos cayeron con esa fuerza más,  60 veces sobre Nuestra América; derrocaron Presidentes legítimos como el guatemalteco Jacobo Arbenz; allanaron el camino a los golpes de estado, dieron el visto bueno a todas las dictaduras sangrientas que señorearon en esta región del mundo.

El imperio del Norte nunca ha cejado en su deseo de estrangular el proceso cubano. Aún así los mercenarios asistieron a la SINA, para votar dicen, a cambio recibieron unos billetes y el desprecio del pueblo y de toda la América Latina. La historia nunca les absolverá de tal ignominia.

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