Posteado por: arnaldomirabal | 27 octubre, 2012

Santiago se levanta

No lo pensaría dos veces si me pidieran marchar al oriente cubano para apoyar en las recuperaciones; haría la mochila y partiría en breve y deseoso, pleno del deseo que invade al hombre que quiere ser útil y solidario.

Ya no le hallo encanto a levantarme en las mañanas y bordear la bahía de mi ciudad, hoy gris y con frenéticas olas; apenas me concentro en mi amor hacia aquella mujer que me piensa; los puentes me resultan herrumbres achacosas que me unen a nada; ya no percibo gaviotas y pescadores en los ríos, aún aturdidos por el vendaval.

Desde que vi en la tele las imágenes que dejó el huracán Sandy a su paso por las provincias orientales, no quepo en casa, todo me resulta vacío e insignificante.

Tras la huella colérica y destructiva del ciclón, solo atino a pensar en Santiago, Guantánamo y Holguín, y hacia allá quiero marchar, para decirles que el sufrimiento de los orientales es el de Cuba entera.

Añoro desembocar en una calle cualquiera, decir “buenas, yo vine a ayudar”, quitarme el pulóver y sumarme a la faena de restaurar las heridas; necesito como nunca tomar un machete y podar los árboles caídos, recoger los escombros de las edificaciones; hoy más que nunca deseo llegar a una esquina y pedirle a un motorista que me lleve hasta la emisora CMKC, y sin mediar palabras introductorias incorporarme a trabajar como uno más.

Quiero estar en Santiago para jaranear en medio de la tristeza, necesito sentir la musicalidad de su gente, esa que disfruté una vez, es preciso asistir a la ciudad más hermosa del Caribe y levantarle el ánimo.

Debo ir cuanto antes, incorporarme a la batalla de los santiagueros, que es mía también, para en un tiempo no muy largo volver a fumarme un cigarro en el Balcón de Velásquez; desandar la calle Enramada y disfrutar la belleza de las mujeres y la camaradería de los hombres.

Necesito sentarme en la Plaza de la Revolución y  cobijarme bajo la diestra de Maceo.

Ya la cizaña está dando vueltas para posarse, intenta escarbar entre las impudicias y extraer las miserias humanas, mientras, en Oriente se trabaja, y el país destina alimentos y recursos para restañar el severo golpe que la naturaleza propinó.

Iré a Santiago, debo ir y ayudar, aunque me calma un poco saber que desde hace días muchos están allá brindando su granito de arena.

Quizás al principio quedaron desconcertados, pero nada doblegará a mis hermanos de oriente, menos a los de Santiago, porque ellos son indómitos por naturaleza, y más temprano que tarde se levantarán y con ellos su ciudad.

 

 

 

 

 

 


Responses

  1. Pues vamos!!!! ven para acá, qué esperas????


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