Posteado por: arnaldomirabal | 25 octubre, 2012

La muerte viaja en “almendrón”

En la mañana de ayer miércoles un accidente de tránsito alteró la calma en el poblado de Perico, municipio matancero ubicado a 74 kilómetros al este de la cabecera provincial, cuando un auto americano de los años 50 con pasajeros a bordo, impactó un ómnibus chino marca Yutong.

Vecinos aglomerados en el lugar explicaron que tras colapsar la dirección delantera del vehículo, el conductor perdió el dominio y se impactó contra un camión primero, y contra la guagua después, provocando el fallecimiento de una señora mayor que viajaba a su lado; el chofer también sufrió graves heridas en sus extremidades inferiores.

Otros pasajeros lesionados fueron remitidos de inmediato al hospital del Colón.

Con la difícil situación del transporte, en Cuba muchos habitantes deben recurrir a los transportistas particulares conocidos como “boteros”, a pesar de los altos precios.

En su gran mayoría, se tratan de carros americanos de los años 50, que el pueblo jocosamente llamó “almendrones”; pero en los últimos tiempos la jocosidad se trastocó en tragedia, por el mal estado técnico de los carros y la imprudencia de algunos boteros al volante.

Tal imprudencia se debe al deseo desenfrenado de hacer dinero, para lo cual alcanzan altas velocidades ignorando que las vidas de las personas no tienen precio, pero al parecer solo les interesa llegar cuanto antes al punto de recogida para nuevamente abarrotar de pasajeros su viejo cachivache.

La rapidez se ha convertido en moda mortal. He conocido Ford de los 50 con motores Hyundai de petróleo del 2010. Pasan por alto que si a un individuo de la tercera edad le colocas un corazón de un adolescente, quizás consigas más palpitaciones por minutos, pero el organismo, órganos y sistema óseo continuarán siendo el de una persona mayor, con sus achaques y dolores. Con los autos sucede igual.

Con solo detenernos un rato cerca de cualquier carretera con cierto tránsito, se detectará a simple vista y sin la necesidad de inspección técnica, la cantidad de armatostes que ruedan por nuestras vías conjurando la muerte.

En Perico una señora nunca llegó hacia donde deseaba por la temeraria confianza de un conductor, que sufre en un hospital la negligencia de no revisar su auto lo suficiente.

Desde que manejar se hizo lucrativo negocio, en las carreteras cubanas hay más negociantes al timón, que  prudentes chóferes, y más muertes también.

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