Posteado por: arnaldomirabal | 23 octubre, 2012

Jolgorio y faena en el batey México

Sin dudas, la vida de los pobladores del central México ha cambiado en los últimos meses. Regresó una imagen que quizás algunos pensaron nunca más percibir por esos lares: hombres y mujeres con cascos.

A poca distancia, se divisa la herrumbre que denota el desuso y abandono, y para hacer más desolador el panorama, en una de las dos torres hasta un aura extiende sus alas en cruz.

Pero si te adentras, te recibirán varios girasoles, a los costados planchas, tubos, grandes piezas de hierro, el ruido sordo del metal que golpea el metal y  destellos de soldaduras, porque hay hombres trabajando.

MEXICO ECHARÁ A ANDAR

Jesús Pérez, el director, recuerda que la industria detuvo sus máquinas en el 2006, por la escasez de caña y los bajos rendimientos industriales. Pero siempre conservaron la esperanza de que un día reanudaría la zafra.

“La última campaña no fue mala. Tuvo pocas interrupciones, molía bien, hacía buena azúcar, pero como no tenía caña cerró”.

Durante ese período, los obreros de la fábrica fueron reubicados en otras industrias del territorio. Y tras la buena nueva se reincorporaron.

“De 443 trabajadores que necesitan, solo faltan 20 plazas por cubrir. El personal está muy apegado al lugar. Hay un sentido de pertenencia grande, contamos además con la experiencia de varios jubilados y con el ciento por ciento de los encargados de las reparaciones”, asegura el directivo.

Las inversiones se aprobaron el pasado mes de julio, pero venían trabajando desde mucho antes. “Tras los estudios de factibilidad, nos adelantamos y comenzamos a laborar desde octubre del pasado año. Movilizamos brigadas de pailería, y localizamos recursos en otros centrales, avanzamos bastante.”

“A partir de julio, empezaron a arribar tubos, laminado, motores. Contamos con el apoyo de cinco brigadas de la Empresa de Servicios Técnicos Industriales (Zeti) que junto a las propias laboran en largas jornadas.”

Se techó más del 60 por ciento de la fábrica. Se instalaron grillas y un rastrillo en la casa de bagazo, que alimentarán las dos calderas de 45 toneladas cada una; a una de ellas se le da los toques finales, mientras colocan tubos nuevos a la restante.

Trabajan además en los conductos de gas y en el montaje de seis nuevos tachos y condensadores, lo cual mejorará la molida.

Aunque se trabaja con seriedad y a un ritmo fuerte, la tardanza en el arribo de recursos pudiera comprometer la arrancada, prevista para febrero próximo. Existen problemas con las cadenas del basculador, tablillas, tonillos, y dos masas del tandem.

En las últimas jornadas hubo estabilidad en la llegada de insumos, mas existe un atraso en el cronograma de trabajo de 28 días.

 

Para que se haga escuchar el pitazo que anunciará la puesta en marcha, el ingenio debe estar electrificado, y de los casi 22 kilómetros necesarios, aún restan 7.

“Diariamente se chequea lo que se hace. La disciplina existe, todo el mundo quiere que le ingenio muela”, sentencia Jesús Pérez.

DULCE ESPERA EN EL BATEY

Sus 40 años de experiencia entre las calderas de vapor le avalan. Y como dos décadas de vida al frente de una labor, es una relación muy fuerte, el jubilado Jorge Martínez Noroña no lo pensó mucho para regresar.

Vive en Banagüises, a muy poca distancia del lugar. Reconoce que cuando el ingenio se detuvo, fue un duro golpe para él, “uno lo siente, esta es como si fuera mi casa, eché toda mi juventud aquí. Yo creo que muele en la fecha programada, todo depende de los recursos. Hay mucho embullo en la gente de aquí”.

Con 73 años, Orestes Hernández tampoco se lo pensó demasiado para volver. Recuerda que el central siempre molió bien, con estabilidad. “Ahora hay movimiento de trabajo, todo cambiará para bien. Yo he dedicado toda mi vida al azúcar”.

Susana Bárbara Bella, Miguel Ángel Hernández y Yuniel Pérez son la nueva hornada de trabajadores del sector. Muy jóvenes aún, ya se sienten integrantes de la gran familia azucarera cubana.

Para Susana la felicidad es doble, ella estudió Tecnología de Maquinaria Azucarera, realizó prácticas en el Mario Muñoz, pero vive en el batey México, por eso se alegra tanto que su trabajo le quede a solo minutos de su casa. “Me siento contenta porque en el pueblo hay más ambiente”.

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