¿Lo mío primero? ¡Y la colectividad qué bolá!

Yadiel quiere dejar la “pincha”. Él trabaja en una brigada de mantenimiento y construcción en el Supertanquero de Matanzas; riesgosa labor, porque muchas veces debe realizarla encaramado en los grandes tanques de combustible, a varios metros del suelo.

Gana 800 pesos cada mes pero asegura que ya no valoran su trabajo. Hace algún tiempo ganaba mucho más. Desea cambiar de aires, pero a diferencia de otros jóvenes que conozco no piensa emigrar; prefiere regresar al pueblecito donde nació y viven sus padres, para dedicarse a la artesanía. Comenzará a pensar más en sí mismo y en los suyos, porque “nadie luchará por mí, asere”.

En días pasados me visitó un amigo de la Universidad. Su llegada coincidió con los carnavales matanceros y decidimos compartir un rato.

Me llamó la atención que cada vez que lo presentaba como psicólogo, alguien confesaba que necesitaba hablarle, tal pareciera que casi toda la gente que conozco vive estresada.

En las improvisadas consultas de mi amigo Oscar, lo mismo cerca de un gran bafle, o a pocos metros de una pipa de cerveza, le escuché aconsejar a mis atribulados socios y socias, que pensaran en ellos primero y en los demás después. Una premisa en la consecución de la felicidad, afirman los sicólogos.

Mirándolo bien, mi salario es tres veces menor que el de Yadiel; y al escuchar a Oscar aconsejando a la gente de la importancia de pensar en ellos mismos, es decir, actuar de manera egoísta, llegué a la conclusión de que estoy loco de remate.

Desde niño me inculcaron pensar en los demás. Cuando era un pionerito, la muchachita más linda e inteligente de la escuela era la Jefa de colectivo, es decir, desde edades tempranas vivíamos en colectividad.

Recuerdo las fiestas de los Comité de Defensa, los vecinos pelando las viandas de la caldosa; todos, “en colectividad”, adornaban la cuadra, así que no estoy tan loco.

Si a mi vieja se le acababa la sal, cruzaba la calle y procuraba un poco en casa de Haydee; si Haydee se quedaba sin aceite, se llegaba hasta mi casa.

Después conocí que colectividad, que rima con igualdad, significa conjunto de personas reunidas para un fin; y el colectivismo era hasta una teoría social que suprime la propiedad individual y la hace colectiva, y confía al Estado la distribución de la riqueza.

Pero el tiempo pasó, y si bien no voló un águila por nuestro mar, sí se cayó un muro, y con sus escombros tapeamos las puertas a los vecinos y nos volvimos individualistas. Escondimos el poco de sal y aceite que sobrevivió al derrumbe.

Quizás solo siento nostalgia por el pasado pero sin dudas, antes éramos mejores personas.

En ocasiones me siento como un sujeto anacrónico que no ha aprendido a vivir para sí mismo, que cree en el futuro, aunque vea lo desprendido que son algunos directivos cuando de resolver sus propios problemas se trata.

Me viene a la mente aquella publicidad cubana, que ahora se me antoja un anticipo de los cambios que no supe apreciar debidamente.

“Lo mío primero” aseguraban aquellos anuncios, talvez en un principio solo se trataba de comprar productos nacionales, pero hoy es la consigna patriótica de muchos cubanos. Desde entonces de ha exacerbado el individualismo en Cuba.

Yo de tonto solo logro pensar, desvelarme y sufrir hasta la exasperación por el futuro de mi barrio. A pesar del tiempo y los desengaños, la palabra colectividad aún me resulta familiar al oído. Aunque el salario bajo me estrese, quiero seguir pensando y batallando por el resto de mi gente. Al menos mientras dure mi locura solo eso quiero hacer.

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Un comentario en “¿Lo mío primero? ¡Y la colectividad qué bolá!”

  1. Arna me gusto mucho tu cronica, solo que cuando hablo de pensar en uno primero, me refiero a hacerlo desde el punto de vista emocional, si no pensamos en nuetras motivaciones, intereses, conflictos y frustraciones, de manera independiente, si no nos acordamos en nuestras potencialidades, dudo que nadie lo haga, puesto que la felicicidad, es algo idilico y uno mismo es el Arquitecto de su propia vida. Carlos Varela dice que la politica no cabe en la Azucarera, palafraceando al hombre, ciertamente tampoco creo la politica tenga mucho que ver con la presencia de un conflicto existencial, aunque directamente se relacione. Un abrazo Fuerte
    Oscar (Psicologo del legendario piquete de los Absorbaos.)

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