Urge producir más alimentos y menos justificaciones

Sin semillas certificadas no hay seguridad alimentaria. Ese es el primer paso para una agricultura sostenible, pero por diversas razones, en Matanzas solo el 30 por ciento de la simiente presenta esta condición.

La relación del hombre con la agricultura data de miles de años atrás. La transición de cazar, pescar y recolectar, a la de cultivar los suelos, representó un importante avance en la historia de la humanidad. Nacía así una fuerte relación entre los seres humanos y la tierra.

Ese vínculo se puso de manifiesto en América en obras como el Popol Vuh, libro milenario de los mayas, donde se narra como los primeros cuatro hombres que habitaron el mundo fueron creados a partir del maíz.

Estudios arqueológicos realizados en el valle de Tehuacán  demostraron que este fue cultivado desde hace 7 mil años. Los aztecas afirmaban que la sangre y la carne estaba conformada por él, siendo el centro de las creencias religiosas y las festividades.

El maíz, la papa, el cacao, son de las tantas maravillas que los habitantes de este hemisferio nos legaron. Desde entonces ha sido una constante procurar la propia semilla para extender las siembras.

Pero si ayer el único fin de obtenerlas era alimentario, con el creciente desarrollo del capitalismo, este se convertiría en un suculento y devastador negocio.

Bien lo saben los mexicanos, herederos de esas culturas. Desde que aquel país firmara el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá, sentenciaba a muerte miles de variedades de maíz, adquiridas durante años de labor.

Luego llegaría la trasnacional Mosanto, para intentar controlar la agricultura del mundo a través de la promoción de variedades transgénicas.

Los planes era convertir la producción agrícola y alimentaria del planeta en un gran experimento genético, totalmente dependiente de sus producciones patentadas. Y casi lo consiguieron: las tortillas mexicanas se elaboran, en su gran mayoría, con maíz norteamericano.

De ahí la veracidad de las palabras del Presidente de los Consejos de Estados y de Ministros, Raúl Castro, cuando advirtiera que la producción de alimentos era una cuestión de seguridad nacional.

DEL DICHO AL HECHO: MUCHO TRECHO Y POCA SEMILLA

Si bien en los Lineamientos aprobados por el sexto Congreso del Partido se aborda la necesidad de desarrollar una política integral que contribuya a potenciar la producción, beneficio, conservación y comercialización de semillas, no siempre sucede así.

Aunque Cuba cuenta con importantes centros de investigaciones dedicados a la obtención de simiente de calidad, como el INIVIT,  no todos los productores están convencidos de la necesidad de mejorar sus cultivos genéticamente.

Pongamos como ejemplo una nueva variedad de frijol obtenida en laboratorios nacionales, como la CubaNa 23, resistente al mosaico rosado, tolerante a la sequía, debido a su profundo desarrollo radicular, a su vez soporta períodos de abundantes precipitaciones. Pero extenderlo quizás cueste más trabajo que las horas de estudios de los científicos.

Debe destacarse que países como Holanda, basan parte de su proyecto interno bruto en la exportación de semillas certificadas como la papa. Pero importarlas resulta insostenible, de ahí la pertinencia de producirlas en Cuba.

Como bien advierte el ingeniero Osvaldo Pérez García, director de la Unidad Empresarial de Base Augusto César Sandino, convocada a ser una destacada productora de granos en la provincia, solo el 30 por ciento de la simiente en la provincia presenta esa condición.

Se desconoce quizás que con granos de calidad se gana en vigor, buena germinación, ausencia de enfermedades, uniformidad y mayor expresión genética de los caracteres importantes de la planta.

Quizás dentro de las razones de que muchos campesinos opten por emplear su propia semilla, esté dado a la poca seriedad de algunas empresas proveedoras.

Campesinos de las lomas de Cabeza recuerdan como adquirieron semillas de tomate supuestamente certificadas, y a pesar de los altos precios, muchas no germinaron; otras estaban mezcladas con diversas variedades, dando al traste con una de sus principales características: la pureza varietal.

La capacitación a las bases productivas, exponer resultados concretos, seriedad, pudieran ser la clave para potenciar la producción de semillas certificadas e incrementar los rendimientos, para producir de una vez más alimentos que justificaciones.

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