La desidia nubló el verano en el batey Horacio Rodríguez

David y Erica quizás desconocen el significado de la palabra desidia, pero aprendieron que los adultos pueden vaciar una piscina sin explicación

Hace algún tiempo los pobladores de Horacio Rodríguez, en Limonar, esperaban ansiosos la llegada de cada verano. Contaban con el enfriadero del antiguo central, que remodelado como piscina era el rincón donde todos zambullían sus ganas de pasarla bien.

Era tan agradable la estancia, tan refrescante, que venían personas de Junco, La Sierrita, Limonar y Coliseo. Hasta que un buen día, o mejor, uno muy malo, dejó de funcionar.

La vida es agitada, y en lo que el tiempo transcurrió los vecinos del antiguo batey La Julia, inmersos en sus tareas cotidianas, se adaptaron, o simplemente se resignaron, a prescindir de aquel lugar atractivo.

Hasta que otro mal día leyeron en el periódico Girón una información, donde un directivo del Inder afirmaba que nuevamente abriría sus puertas a los veraneantes.

Casi una broma de mal gusto, pensaron, porque si bien en el centro permanecen las puertas abiertas, es solo para que rumien los animales, y alguna parejita se escabulla en las noches para descubrir sus cuerpos.

Con toda la razón que le asiste, un lector llamó a nuestra Editora contrariado por tal desinformación. Hacia allá nos dirigimos para intentar restañar el daño.

Arnold González, director de la Unidad Empresarial de Base Horacio Rodríguez del Ministerio de la Agricultura (MINAG), entidad a que pertenece el refrescadero, adujo la falta de pintura engomada y cloro como causantes del problema.

Otros habitantes alegaron que tiempo atrás se realizaron trámites para que pasara a Comercio y Gastronomía o al INDER, pero resultaron infructuosos, y la piscina permaneció vacía.

Arnold reconoce que ni el Minaz, ni ningún otro organismo son responsables, solo la agricultura y por supuesto, la escasez de recursos.

Pero la escasez de pintura y cloro no provocan la destrucción reinante, el robo de muebles sanitarios, roturas de cercas perimetrales, ausencia de puertas y ventanas, y hasta de los marcos del establecimientos donde vendían alimentos y bebidas.

Donde ayer reinaba las risas y el chapoleteo de agua, hoy florece el romerillo, la calabaza, el abandono. Como bien dijeron Ichirán  y Jorge Paz, dos muchachones que pasaban por allí: ¡Tremendo aburrimiento sin la piscina!

Yo diría más, pero solo pienso en la mirada triste de David y Erica, dos niñitos que desconocen el mundo enrevesado de los adultos, y el por qué le nublaron el verano un día.

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