Posteado por: arnaldomirabal | 21 agosto, 2012

Caridad tenía razón…

 

Mi madre posando en mi habitación con excelentes amigas

 

Friso los 30, y aunque ya mis entradas son casi ensenadas, y con cierta frecuencia alguna amiga me descubre una que otra cana; si bien ya soy un poquito más serio, y a mi vieja no le dan quejas de mi comportamiento en el trabajo, aún así, ella sigue viendo en mí el chama impetuoso e indisciplinado de siempre, al que cada segundo hay que amonestar.

Me sonroja cuando en medio de una conversación en el contén del barrio escucho ese estridente ¡Arnaldito!, que suelta mi madre, pero que acepto porque aprendí que ella, que no estudió mucho, se graduó con Diploma de Oro en esa difícil y eterna carrera que representa ser madre.

Muchas veces me pregunto cómo se las ingenió para hacer de este muchachón de madurez tardía, un hombre de bien. Ella, y solo ella creyó en mí cuando muchos no lo hicieron, ella y Albertico Lajes por supuesto, me tildaron de inteligente y sagaz, y yo nunca lo creí, y nunca lo creeré, porque vivo de preguntar, y como Silvio, me interesa más ser el eterno aprendiz.

Caridad me crió sola, porque mi padre, o el tipo aquel que me engendró, decidió negarme sus apellidos, pensando quizás que de esa forma Carida desistiría de la maternidad, porque a principios de los 80 una madre soltera no era muy bien mirada, pero mi madre hizo de tripas corazón, para que no me faltara nada.

Y nada me faltó, y hasta conseguí una que otra prebenda haciéndome el desvalido porque tenía los apellidos de mi madre. En más de una ocasión me aproveché de ello para evitar la expulsión de alguna escuela. Hoy lo reconozco.

Fui un poco indisciplinado de fiñe, no muy aplicado. Me gustaba escaparme y recorrer el monte o la costa. Y donde estuviera escuchaba aquel grito estridente de ¡Arnaldito! y tenía que llegar rápido, como un bólido, porque me cogía la escoba amarga.

En aquel entonces a alguna vecina del barrio le dio por decirle a mi mamá que con un gajo de escoba amarga me metería en cintura. La escoba amarga es una planta que no supera los 80 centímetros, muy ramificada y de flores diminutas. Y cómo pica…

Creo que mi afición al baile se debe a esa matica, porque si daban quejas en mi escuela de mis indisciplinas ¡ayayay! A bailar el zapateo, todos los días lo bailaba.

Pero en el barrio siempre fui respetuoso y querido, me decían Tatao, porque era muy mono cuando pequeño.

A mi madre le debo todo. Por ella aprendí a nadar, y hasta que no supe no me dejo ir solo a la playa. Comencé a cruzar la Calzada General Betancourt sin compañía, mucho después que los amiguitos del barrio de mi misma edad.

Nunca me pidió que hiciera algo indebido, y aún hoy, cuando enfermo no se mueve de mi lado. Posee esa extraña sabiduría de conocer de antemano cuando sobreviene alguna enfermedad.

Y qué decir cuando salgo en las noches y al regresar de madrugada la encuentro en el sillón, esperándome.

Reconozco que hay veces que me saca de quicio, que esa costumbre de hacer de mis problemas cotidianos el fin del mundo me exasperan, pero qué hacer, es mi madre, y de las mejores. Aunque vea en mí el chama que aún no sabe caminar, y a cada paso comete errores.

Así son lo madres, las de verdad. En eso pienso en este verano matancero, que desgraciadamente se ha cobrado más de una vida de niños por negligencia de los progenitores, para mí la principal causa.

La vieja siempre me lo dijo, cuando tú seas padre entenderás lo que se siente, yo, aún sin tener hijos, ya me siento responsable, y que cuando llegue esa cosita loca y majadera, tengo la parada altísima, por el cielo casi, porque me será muy difícil emular con la madre que tengo.

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Responses

  1. Cojone, de pinga, mi hermano. Mi abuela se llama Caridad y mi Padre, aunque no me negó los apellidos, anduvo desperdigado de mi afectividad. Bendita sea tu Madre y bendito el hijo que eres. Disfruté mucho la lectura de este post, casi al atardecer. Se lo llevo a mi Madre sobreprotectora para que lo lea. Un abrazo grande, Arnalditoooooooooooooo, (extrañé ese texto en los finales, pero igual está presente) Tú sigues siendo un jodedor y te le escapas bien a la escoba amarga. De verdad que nunca me sonaron con esa hierba, con chancletas, cintos y nalgadas, pero con escoba amarga.. ¿no se parte?

  2. Chama, si no es porque las lágrimas ya salen escasas y en contadas ocasiones, me las hubieras sacado… “Genial, sencillamente genial”… Negro, diste en el clavo, este post está para que la vieja te perdone cualquier “malacrianza” que se te ocurra… léeselo bien… y felicidades a Caridad, que tiene un hijo y un amigo que se le quiere y siempre se le extraña!!!

  3. Ojalá y me premien algún día con un buen hijo, aunque sea malcriado como tú jajaja pero con un gran corazón como el que tienes. Dichosa tu madre de tenerte y más dichoso tú, por contar con una mujer como Caridad y además poder decirle a todos que naciste de su vientre y te dio tamaño su sabiduría.


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