Posteado por: arnaldomirabal | 20 agosto, 2012

Villa Azucarera Humberto Álvarez: ¡Cómo la vida misma!

Si a usted amigo lector o lectora, le proporcionaran la posibilidad de fundar un barrio, seguramente primero pensaría en enmarcar el terreno, y trazar las calles y aceras; después, sembraría árboles que brindarán sombras y frutos, como las matas de mango y aguacate.

El agua es importante, debe estar disponible. Después de los cimientos levantará casas. Contarán con portales, y como nos es permitido soñar contará además con salita acogedora, confortables muebles, una mesa para cenar o jugar dominó, en la pared descansará un gran espejo, porque a los mortales nos asiste un poco de vanidad.

En una esquina descansará un televisor, a todos nos gusta la televisión, mucho más en los meses de verano, pero si la programación no seduce, optarás por un canal extra de circuito cerrado de videos musicales y películas.

Los hogares dispondrán de dos y tres habitaciones, porque hay familias numerosas, casi multitudinarias, sobre todo cuando de un barrio idílico se trata. Algunas serán de dos plantas, para aprovechar el espacio.

Como te gusta la homogeneidad, las casitas serán parecidas. Sembrarás jardines de marpacífico, y los atenderás con esmero, porque un jardín bien cuidado brinda la sensación de amor por lo de uno.

Pero tu profusa imaginación, amigo lector, entenderá que para que un barrio sea bueno debe contar con un eficiente servicio de gastronomía.

De ahí que erigirás dos restaurantes, uno especializado con atractivo nombre, algo así como Don Sabroso, allí los pobladores podrán consumir fricasé de pollo, camarón rebozado, bistec de hígado, a precios módicos.

Para el segundo restaurante apelarás a la cultura campesina: fresco ranchón con capacidad para cien personas, pero como lo previste todo, colocarás sillas de brazos plegables para niños pequeños. Este establecimiento será La Delicia de los visitantes, y ese será su nombre.

Todo centro urbano debe tener parque para el esparcimiento, pero tú crearás un microzoológico bajo una arboleda de Caobas. Como vives en Matanzas la provincia de Los Cocodrilos, sería muy atractivos contar con sendos ejemplares, eso sí, en jaulas seguras porque los niños, y algunos adultos también, son traviesos.

El colorido de los faisanes alegraría la vista, las palomas sueltas revolotearían, y los niños la alimentarían con chícharos, para que alguna madre inmortalice el momento desde su cámara fotográfica.

Y nada mejor que escuchar el canto de la Torcaza a la caída de la tarde, o desde un nido artificial observar la inseguridad de un pichón ante el que será su primer vuelo.

Puesto que los curieles son animalitos muy gracioso, pero se reproducen como… curieles, los rifarás. Gracias a tu inventiva crearás una especie de ruleta rusa, rodeada de pequeñas casillas enumeradas, con una en el centro donde colocarás el simpático roedor, y tras varias vueltas, saldrá como un bólido hacia aquellas, y cada número pertenecerá a un niño.

Como el mar está lejos construirás una piscina, en forma de laguna como la de los grandes hoteles, con ned de voleibol, y aros de básquet; alrededor descansarán sillas plásticas para tomar el sol; en un extremo habrá un Acuabar para traguitos y otras bebidas.

Cerca de allí erigirás una carpa para fiestas nocturnas, donde no faltarán el humor, la buena música y juegos de participación.

Pero no es todo, habrá excursiones a las Cuevas de Bellamar, a la playa de Varadero, o a la Cueva de Saturno, en Carbonera.

Amigo lector, quizás pienses que un lugar así sería perfecto,  pero imaginario. Pues no, existe. Bien lo saben los trabajadores dedicados a la producción de azúcar que resultan estimulados.

Hablamos de la Villa Azucarera Humberto Álvarez, ubicada en el cardenense Consejo Popular de igual nombre, y que cada día brinda servicio a más de 400 huéspedes de todo el país.

En una de las cafeterías conversamos con Leibis Acosta, huésped proveniente de la provincia más occidental de Cuba. Compraba leche recién hervida para sus dos niños de cinco y siete años.

Aunque es la primera vez que visita la Villa, la joven pinareña destaca la limpieza de las habitaciones, el buen servicio, su única preocupación consiste en que a veces siente indecisión por la variedad de opciones.

Algo que no le sucede a Eduardo Reina, jefe de fabricación de azúcar del central colombino René Fraga, él asegura que le gusta todo, pero prefiere refrescarse en la piscina.

Cuando culmina cada contienda azucarera, los trabajadores más destacados cuentan con un buen lugar para descansar en familia; lo avalan las encuestas realizadas. En su mayoría señalan como única insatisfacción la presencia de un solo teléfono público, problema ajeno a la entidad.

No es mero elogio gratuito, el ambiente que allí reina, la alegría, risas, denotan que aquel recinto es cómo la vida misma.

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