Posteado por: arnaldomirabal | 16 agosto, 2012

El arte de pescar camarones con pandonga

Cada mañana, de camino al periódico me detengo unos segundos a observar a los pescadores de camarones, rastrillando el fondo del mar con una pandonga.

Una pandonga no es más que un jamo grande para arrear con soga o impulsar mediante un cabo de madera.

Siempre me pregunté si ese ejercicio fatigaba mucho, pues antes de salida del sol o entrada la noche, veía a los pescadores recorrer la playa una y otra vez, en un recorrido interminable.

En varias ocasiones le aseguré a alguna muchacha que yo era excelente pescador de crustáceos y mejor cocinero. Me valía de esas argucias de amante quizás por aquello de que el amor entra por la cocina.

Pero como siempre digo, la vida obra de forma misteriosa, y ayer en la tarde un amigo me convidó a pescar camarones con pandonga, y sin pensarlo dos veces asentí.

Hacia el mar nos dirigimos, y yo iba con el entusiasmo del niño que llevan al parque de diversiones. El lugar escogido fue la playita Los Pinos, que queda aproximadamente a 3 o 4 cuadras de mi casa.

Al llegar, el agua estaba muy agradable y yo muy ansioso. Por primera vez pescaría camarones, me sentí importante, sumergido en una gran faena, emulando con los viejos pescadores.

Ya en el agua constaté que el trabajo no era muy fuerte. Arrastramos el jamo varias veces, y cada cierto tiempo extraíamos los camarones, pero también apresamos jaibas, pequeños peces plateados que nombran Mojarras, un que otro caracol, y Lenguados, que los pescadores llaman “tapaculos”, porque son achatados y asemejan un parche.

Según me contó Nino, el amigo a quien acompañé, cuando la pandonga se acerca a los camarones, estos saltan dentro del jamo. En cada recorrido capturamos alrededor de una docena, pero no eran muy grande, del tamaño y el grueso de un dedo quizás.

Pero de ese tamaño-según Nino- le dan exquisito sabor a un rico enchilado o una tortilla de huevos. La faena no es muy ruda, pero sí fatigosa. Cuando llevas un trecho y has sacado varias capturas, las piernas empiezan a cansarse. Y como el jamo viaja rasante se introducen muchas algas marinas que dificultan el trayecto.

A esa hora reinaba la calma, apenas se sentía la brisa marina. El mar era un espejo y las luces de la ciudad se reflejaban en el agua. Nino hablaba de sus amores pasados, de aquella muchacha que conoció en La Habana y amó con fuerza, y de la que solo conserva una foto.

Yo apenas hablaba, y creí ver como algunos camarones saltaban a flor de agua. Supe después que cuando los peces les atacan emergen a la superficie.

Nuestra pesca duró dos horas aproximadamente. Llegamos a las 8:30 p.m. y sobre las 10 ya estábamos de vuelta con un cubo casi mediado de camarones, jaibas y mojarras, porque de los tapaculos no se aprovecha nada.

Al llegar a casa era muy tarde para cocinarlos, pero mi madre aseguró que hoy haría un exquisito enchilado. A mí me sabrán a manjar de los dioses, no solo por el sazón de la vieja, sino porque ya me siento un experimentado camaronero.

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Responses

  1. Naldo, esta es una de las mejores cosas que tú tienes, muchacho, que logras combinar en naturalísima armonía la sencillez de tipo de pueblo con la destreza creadora de un tremendo intelectual. Muela aparte, a ver cuándo me invitas a una camaronada de esas, que si los pescas tú seguro saben mejor jajaja besitos, niño.

  2. ajajajaaajajjajaa oye nubecita si quiers te doy los mios , no me gyusta el camaron pero si me gustó este post como tu asi que somos dos para qe Arnaldo se ponga contento jajaja


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