Posteado por: arnaldomirabal | 29 junio, 2012

Oxigenemos la Revolución

Hoy solo quería hablar de las cosas buenas de Cuba, el país más pacífico del mundo. Donde no existen pandillas violentas ni tráfico de armas; donde una madre nunca se verá obligada a vender a su hijo; ni un joven anunciará por Internet la venta de sus órganos ; donde la droga no es un flagelo, y las personas mueren de cáncer y no de atracos. Donde todos los niños van a la escuela.

De esas cosas quería hablar, hasta que escuché la frase “un mejor trabajo político-ideológico para inculcar buenos valores en la juventud”. Nada me mortifica más, ni me produce más apatía que esa frase hueca y manida.

Escuché una vez que la labor ideológica más certera es la que penetra en los sentidos y apenas lo adviertes, en eso los Yankis son maestros. Destruyen el planeta con guerras y contaminación, sus tropas asesinan a inocentes y periodistas en medio mundo, y aún así los medios internacionales nos lo presentan como abanderados de la libertad y la democracia, y lo peor, más de uno se traga el cuento.

Pero deficiente ha de ser nuestro trabajo político ideológico, cuando muchos cubanos se embeben frente a su televisor, y dejan que le pasen gato por liebre, mientras programas extranjeros como Caso Cerrado ridiculiza a la familia latina que vive al sur del aquel país, y nadie se cuestiona nada, solo deseosos de alquilar el próximo, donde seguramente un hombre prefiere hacerle el amor a una sandia que a su esposa.

A diferencia de los que los medios extranjeros promulgan, en Cuba no distingo un divorcio generacional. He visto a más de un joven dirigente manejar el mismo discurso político, vacío ideológicamente, pero retórico hasta el cansancio, con las mismas palabras y lugares comunes, de aquellos con más edad. Tal parece un mal congénito.

Es cierto que con generaciones pasadas la cosa era más sencilla. Aquellas se probaron en el fragor del combate, bajo agresiones directas, además, hablamos de una  Cuba hermanada ideológica y económicamente con la Europa del Este, un poco chapucera estéticamente, pero con bastantes recursos.

La gran mayoría de los cubanos nacidos antes del 59, y las tres décadas posteriores, vivieron una Cuba muy diferente a la de hoy, ellos  sí conocieron lo que era vivir en igualdad de condiciones para todos.

Aunque vale destacar que siempre existieron “vivebien”. Mi mamá me contó que el director de su empresa desvió recursos para construir un gran refugio en el jardín de su casa, por si una posible agresión Yanki. Ella no olvida sus peroratas sobre rectificación de errores y tendencias negativas.

En aquel tiempo los discursos quizás eran más efectivos, porque todos alaban parejo, y comían y vestían parejo también. Pero como hablarle hoy a un joven nacido en los 90 sobre algo de lo que no conoció. Cuando creció observando que sin dinero no conseguirás mucho. Y seamos sinceros,  muchas de sus preferencias nos pueden causar pudor, hasta mí, que no soy tan viejo.

Porque yo recuerdo que en mis tiempos de secundaria aún no hablábamos tan abiertamente de sexo, y recientemente escuché a dos niñitas de sexto grado  hablar de sexualidad con tanta libertad, ¡y experiencia! que me sonrojé y me fui.

A ese mismo sector poblacional debemos inculcarle ideología, cuando muchas veces solo les interesa el último grito de la moda, o el tema de Reggettón del momento. Ellos son las más sensibles víctimas de nuestros malos vicios. No olvidemos que hijo de jefe caza prebendas,  por influencias y no por sus méritos.

Cómo hacer entonces para ganarnos la atención, y no el bostezo o la burla, al hablarle a nuestros jóvenes de la importancia de defender las conquistas del Socialismo.

Precisamente ahí radica el quid de la cuestión. Hacer la política más atractiva, sin tanta matraca. Aprendamos de Venezuela. Allí son los jóvenes actores principales, vistiendo como visten los jóvenes, con tatuajes, con actuar y decir desenfadado, y dirigen programas televisivos donde no se hace otra cosa que hablar de política, y lo hacen con tanta frescura, que sentí algo de envidia.

Los cubanos somos famosos por reírnos de todo, pero cuando debemos abordar temas álgidos se acabó la risa. Asumimos posturas circunspectas, que obligan a  apagar el televisor.

Y si alguien cree que los cubanos están hastiados de política, pregunten cuántos ven cada noche el programa Dossier de Walter Martínez, muchos más de los que imaginamos.

El problema no radica en el tema en sí, sino en la forma en que se emite el discurso, rejuvenezcámoslo, ridiculicemos al enemigo con todos los medios posibles, que ahí si hay tela por donde cortar, porque tan papelaseros son los mafiosos de Miami, como los mercenarios de Cuba.

Hagamos de la machacoso “trabajo político ideológico” algo atractivo. Oxigenemos la Revolución.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: