¡Ella hubiese venido!

Los amores cobardes no llegan a historias ni a nada,

se quedan allí.

Silvio Rodríguez

De Ella conservo un llavero del Che, una carta presurosa y muchos sueños cercenados, sus saludos escuetos por teléfono, seguidos de frases cortas; tres vídeos que me hicieron llorar, y a los que regresaba una y otra vez.


Ella me besaría sobre la estela de luz que deja el sol en el río San Juan.

Nada me ha llenado de tanto placer en la vida, que escuchar su voz cantando a Adele

A la distancia empezamos a construir una bella historia. Más de una noche entre alcoholes y amigos, grité su nombre desde el centro de mi ciudad dormida. Todo me remitía a Ella, fue mi alfa y omega, las ganas de vivir, de llegar, de convertirme en alguien mejor. Hasta que descubrí que amaba con fuerza, y por ilógico que parezca, el amor puede llegar a asustarte.

Ella, la mujer por la que había esperado toda la vida, trasnocharía conmigo una que otra jornada, para con los ojitos irritados por la falta de sueño, correr hacia un medio de prensa a “inventar” la noticia; Ella, me besaría recostada a la baranda de un puente, sobre la estela de luz que deja en el río San Juan el sol en su despedida.

Yo sería una especie de guía turístico, y hasta le inventaría historias atractivas para disfrazar esta comarca, algunas veces inundada de apatía.

Ya no temo estar solo, porque la mujer que más quise no vendrá. Pero vino, y yo temí, con el miedo que hace flaquear a los hombres buenos, así quiero creerlo, que no lo hice por malo.

Ella vino y no acudí, porque de tanto amarla pasé por alto que la realidad te estruja los sueños, como papeles desechados. Que la solvencia económica es la frase más fea triste y discriminatoria que existe, y que puede mutilar el amor. Al menos eso pensaba.

Hasta el instante que me dijiste que hubieses venido si yo te lo hubiese pedido, y florecieron mis lágrimas. Desde entonces soy un hombre triste de sonrisa falsa.

Ayer sonreía cuando observa tus videos, hoy lloro, porque la vida puede ser tan miserable con uno, que hasta un estúpido error de operación puede eliminar tu rostro de mi memoria, y mi certeza indiscutible de tu existencia.

Y me duele tanto, y la vida puede ser tan repuñeteramente cabrona, que si viviera en un país guerrerista me alistaría en el ejército, porque ya no puedo con esta batalla interna, en la que nunca salgo ileso. No soporto ser un daño colateral de mi propia cobardía. Tanto te amo que no quise que te volcaras a mi gris realidad, pero me sume en la desesperación que tal vez lo hubieras intentado, porque eres más valiente que yo.

Pagaré el precio de mis temores, cargaré las culpas. Esta es la simple realidad, díselo a ella, y tráela de regreso contigo. No me gusta en lo que nos hemos convertido. Al final, si regresan, tú, Ella, y todos mis Arnaldos, seremos los amantes más completos y locos del universo. Esta ciudad lo está necesitando más que nunca.

PD: Amor, en la universidad leí que la crónica era un perro jíbaro, después supe que el dinero también. Escribamos la crónica de nuestras vidas, de cómo ser felices con poco, donde sobra la imaginación, y domesticamos un perro.

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Un comentario en “¡Ella hubiese venido!”

  1. Imposible no comentar, aunque la verdad es que me he quedado sin palabras. Solo me queda decirte que al amor verdadero no se le pueden cerrar las puertas, es muy probable que no las vuelva a tocar, y se vive con él, sin él se sobrevive.

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