Aquella vez que El Nuevo Herald me brindó la calma

Shhhh, preguntar te puede perjudicar

Para un joven cubano puede resultar un quebradero de cabeza existir, pensar y actuar enla Cubade hoy, tan llena de contradicciones, inconformidades, despedidas, incertidumbres y mutismos informativos, que lejos de aportar algo, empañan su horizonte y dañan su credibilidad.

Hace unas horas le preguntaba a alguien con cierta posición dentro de los medios cubanos, qué explicación podría ofrecerme sobre la brevedad de las Reflexiones del compañero Fidel. Me miró como seguramente miraría a Yoani Sánchez o a Fariñas.

Un rato después encuentro en las redes sociales a un joven bloguero de cierto prestigio, y le lanzó la misma pregunta, y su respuesta me desconcertó: “preocúpate de cosas más importantes”.

Pues para mí hoy en Cuba no hay nada más importante que desentrañar la causa de la brevedad de las últimas reflexiones de Fidel, como mismo me preocupo de todos los problemas de mi barrio, desde la prostitución agazapada, la corrupción, hasta la mala calidad del pan de la bodega.

Y siento temor por la duda que me invade. Temor a gritar en voz alta que quiero saber por qué no leeré las tan enjundiosas reflexiones de Fidel, que tanto disfruto; y en cambio las recientes, ni las entiendo. Es delito pensar, o el delito es exteriorizar lo que se piensa.

¿Cuando dudo y exijo respuesta debo manifestar de antemano mi posición política o aclarar que soy de los buenos?

Siempre sucede lo mismo, a nuestro mutismo, a la laguna informativa, sobreviene un desbordamiento de desinformación y calumnias, pero al parecer nos encanta que nos empape la mentira.

Y si alguien me pregunta quién carajo soy para exigir información, soy el hijo de Caridad, un cubano que ha pasado más trabajo que un forro de catre y sigue en pie, halando un país como Miguel Barnet. Pero que de vez en vez se encrespa, por preocuparse demasiado.

Contradictoriamente, lo que los medios nacionales no dicen, lo dice el insidioso Nuevo Herald, porque aunque nunca dice nada serio, al menos me muestra que mi preocupación es la de muchos.

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Un comentario en “Aquella vez que El Nuevo Herald me brindó la calma”

  1. yo también tengo la misma duda, Arnaldo. En la televisión, en los espacios informativos, hasta los locutores viejos ponen cara de desconcierto cuando tienen que leer una de esas reflexiones. Yo todavía espero que alguien me diga, que me saque de esta profunda ignorancia, que reponda la adivinanza y exprese qué son los dichosos “FC”, etc. ¿Habrá explicación? Ha de haberla; siempre la hay. En estos casos aplica aquello que digo, machaconamente, cada vez que me acuerdo: «lo que se adula no se respeta y, claro está, lo que se respeta no se adula».

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