Posteado por: arnaldomirabal | 28 mayo, 2012

La grandeza de Misleidis

Al principio Misleidis Aguilar solo quería criar chivos, y con ese fin adquirió una hembra y su cría. Siempre había trabajado en el campo, así que las labores no le eran ajenas del todo. Viendo la oportunidad de incrementar el rebaño solicitó tierras en usufructo y se procuró de un semental. Luego decidió acopiar.

Desde su llegada al Valle de Yumurí esta granmense ha trabajado de sol a sol. Ya no se imagina viviendo en otro lugar, quizás por la belleza del paraje, unido a las ganas de salir adelante. Hoy cumple las entregas de leche caprina pactadas, y reconoce la importancia de su trabajo porque el alimento va dirigido a niños con intolerancia a la leche de vaca.

Le gusta la cría, sentir el cacareó de las gallinas, el graznido de la ocas, disfrutar el parto exitoso de una lechona, y sobre la marcha ha aprendido las exigencias del ganado caprino.

Exigencias que le impiden disfrutar las novelas a plenitud, sobre todo Niña moza, porque ella siempre aventaja al sol. A las 5:30 p.m. se incorpora para ordeñar los animales. Más tarde los suelta para que pasten. Mientras realiza las faenas diarias le escucha música, lo mismo mexicana que reggeton.

Cuando levanta la mañana se adentra en los quehaceres del hogar, el almuerzo, lavar alguna ropita sucia; ella disfruta su hogar humilde pero pulcro, donde reina el rosado en flores y manteles, su color preferido.

Cuando asa un “macho”, como le llaman al cerdo en su tierra natal, le gusta dorarlo en púa; pero aquí conoció a las habichuelas y al quimbombó, no muy habituales en oriente.

Sus ojos claros varían según el clima, no así su carácter, siempre afable. Es una típica campesina, aunque le desagradan los sombreros, por eso siempre se le verá con un colorido pañuelo atado a su cabeza.

“A la mujer tiene que gustarle la agricultura. Hay veces que tengo que romper monte atrás de los animales, ellos caminan mucho, por eso siempre hay que revisar si el potrero está bien cercado”, asegura Misleidis.

Sin la ayuda de su esposo, todo sería mucho más difícil. Las tareas, tanto de la finca como de la casa, las realizan a partes iguales.

A diferencia de otros productores caprinos, ella no nombra a sus chivos, pero con un chiflido suyo todos se acercan. Durante el ordeño, no tiene que atarles patas y cabeza, porque son mansitos.

No le gusta la leche de cabra, pero sabe que muchas madres le agradecen su anónimo batallar, de ahí quizás su decisión de no darse por vencida, aun cuando debe acarrear agua, porque el pozo carece de turbina; ni su sueño sea del todo placentero porque puede ser víctima del hurto. Quizás ayer Misleidis solo quería criar sin mayores pretensiones, hoy sabe que de su sudor y desvelo dependerá la sonrisa de muchos niños.

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