Posteado por: arnaldomirabal | 15 mayo, 2012

A mi Mamá le gustan los huesitos de pollo

Cuando niño no entendía como a mi mamá le podrían gustar los huesitos de pollo. Ni tampoco cómo en pleno Período Especial se las agenciaba para darme de comer cada noche, en muchas ocasiones muslos de pollo, porque solo esa porción me gustaba.

La ignorancia puede inclinarnos a cometer malas acciones, hoy, a la distancia de los años, no puedo entender cómo hacía ella para alimentarme, excedente de una empresa de la construcción y reubicada como custodio en una obra inconclusa. O sí lo recuerdo: en aquellas largas horas recolectaba almendras para añadirlas a dulces que luego vendía en el barrio.

Nunca olvidaré la alegría compartida por el primer dólar que entró a mi casa. En aquellos años un dólar equivalía a 140 pesos cubanos, es decir, 14 pudines y varios días recogiendo almendras.

Con aquel dinero mi mamá me compró una short reversible, el grito de la moda entonces. A pesar de las hazañas de mi madre para darme de comer y vestirme, me molestaba que chupara los huesitos del pollo.

Cada vez que mi mamá llegaba del trabajo, antes del beso siempre le lanzaba la misma pregunta a manera de saludo: ¡Mami! ¿Qué me trajiste? Si le daban helado, dulces, o pollo, lo guardaba en su bolso para mí. Ella decía que no podía comer nada pensando que quizás yo tendría hambre.

El tiempo ha pasado y pude darme cuenta de muchas cosas. El sacrificio de tantas madres y lo difícil que la pasamos los cubanos, y cómo la mía nunca criticó al gobierno, ni a Fidel. Me inculcó siempre buenos sentimientos, y nunca, pero nunca me pidió que hiciera algo indebido, ni permitió que trajera a la casa algo ajeno, vaya, ni las rojas cerezas de la viejita Maruja ¡que en paz descanse!

Con los años pude resarcir mi incomprensión infantil ya que en Cuba toda celebración, acto o reunión que se respete se hace acompañar de arroz congris y pollo frito; siempre que dan cajita la guardo, y en el trayecto hasta mi casa me embarga una sensación de felicidad, porque sé que mi madre recibirá lo que le llevo como niña chiquita, porque lo que le hace feliz, más que la comida en sí, es el hecho de que pensé en ella.

Y entonces me siento a disfrutar como chupa los huesitos del pollo, uno a uno, y se me antoja el sonido más sublime y hermoso de todos.

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Responses

  1. Se me hace difícil creer que una persona tan alocada como tu, sea capaz de escribir cosas tan hermosas como esta. te felicito


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