Posteado por: arnaldomirabal | 30 marzo, 2012

El día que no me sumé a la plaza

Quizás porque ya emprendí el irremediable camino a mi madurez tardía, mis convicciones se han enraizados y cada vez más, son menos inamovibles.

Entiendo que la verdad es relativa, que la percepción que uno tiene de los fenómenos puede variar a mayor información, pero la esencia de las cosas siempre prevalece.

El Papa vino, vio y habló a los cubanos, aunque no creo que haya visto mucho desde su papamóvil de gruesos cristales a prueba de balas; tras su partida no marchó más revolucionario ni dejó a un pueblo más católico.

Ahora casi me exigen respeto, y hasta alguno me querrá excomulgar porque no reverencié su visita. Entiendo, que como sentenció Martí, si honrar, honra, hacerlo a quien no lo merece deshonra.

No pretendo erigirme como el más lúcido, pero a decir verdad la visita del Benedicto me produjo más hastío que otra cosa. La paz, la concordia y la libertad no necesitan de palabras sino de acciones.

Desde los años de la incipiente guerrilla enla SierraMaestra, cuando muchos rebeldes colgaban a su cuello collares de santos, Fidel nos enseñó a respetar a nuestros adversarios, y la Iglesia Católica, desde hace 500 años fue adversaria de los indefensos y apacibles aborígenes primero, y de todo lo cubano después. Incluyendo esa propia Virgen Mambisa.

Ahora pretenden que olvide y asista a la plaza, cuando la verdadera esencia de un revolucionario, marxista, de izquierda o simple cubano honesto, consiste entre otras muchas cosas, en no olvidar cuando todos lo hacen. No lo hicieron las Abuelas de la Plaza de Mayo, cuando la Operación Cóndor se ensañó con sus hijos y nietos.

Casi siempre son los victimarios quienes conminan a pasar la página.

Acaso quieren que olvide que la Iglesia Católica nunca fue cubana y sí española, aliada de la metrópolis que nos explotó durante 400 años, y que a esta pacífica isla junto a la cruz llegó la espada; quieren que olvide que quienes hoy defienden a la familia, ayer separaron a miles de cubanos mediante la OperaciónPeterPan. ¿Quieren que olvide?

Tampoco ignoro que existieron figuras eclesiásticas como el Padre Félix Varela, el Padre de las Casas o un poco más para acá el salvadoreño Monseñor Oscar Arnulfo Romero. Ellos conjugaron la palabra de Cristo con sus acciones.

De niño conocí a muchos católicos buenos, en aquellos tiempos cuando tener fe iba contra lo establecido, aún así muchos conservaron en la sala de su casa un cuadro del Corazón de Cristo, muchas veces al lado de una foto de Fidel, porque de verdad creían en ambos. Uno obraba desde el cielo, el otro agitaba la tierra.

Y qué decir de la Virgen de la Caridad del Cobre, Santa desde mucho antes que un Papa decidiera vestirla con lujosas prendas. Ella fortificó a los mambises en la manigua cubana, no en las iglesias.

Mucho antes que otro pontífice le regalara una flor de oro, en los hogares humildes de Cuba descansaba la Virgen, en un altar junto a girasoles o flores silvestres.

En el santuario del Cobre ya el pueblo cubano le había ofrendado su pasión a la Caridad, con objetos personales: preseas olímpicas, Tesis de Diploma, medallas de internacionalistas que combatieron en Angola; incluso del Primer Cosmonauta Latinoamericano, General de Brigada y mulato, Arnaldo Tamayo Méndez.  Porque la Virgen, a diferencia de la IglesiaCatólica, nunca discriminó a sus hijos por el color de la piel.

¿Debo olvidar que en las partidas de nacimiento existían libros para blancos, y otro para negros y mestizos? ¿O que la Iglesia no oficiaba nupcias interraciales? ¿O que junto a los esclavistas, también llenó sus arcas con la trata de negros?

¿Es pertinente olvidar que en la Cuba revolucionaria también se otrificó a los creyentes católicos? Jóvenes cubanos resultaron expulsados de sus centros de estudios por profesar la fe. Se creía en Dios a hurtadillas, y se perseguía a quién lo hiciera.

Siempre cargué esa cruz aún sin haber nacido, porque entendí que los errores de la Revolución son los míos. También comprendí que un verdadero proceso de cambios suscita serias contradicciones, como las de la propia Iglesia Católica con el gobierno revolucionario de 1959.

Si la Revolución era de los humildes y para los humildes y las instituciones eclesiásticas siempre respondieron a los intereses de los poderosos, el enfrentamiento era de esperar.

En los primeros años del triunfo revolucionario se nacionalizó la enseñanza privada, la mayoría escuelas católicas para ricos, es decir blancos. Ese duro golpe la Iglesiano lo ha de olvidar, ni descendiendo Cristo del cielo.

Es cierto que los tiempos cambian, no así las personas. No me pidan que agasaje a Joseph Ratzinger, o al décimo sexto de los Benedictos que han pasado por el Vaticano, porque para mí es un hombre como otro cualquiera, inteligente como tantos, políglota como muchos, sedentario como pocos.

Raúl nos convocó a discrepar, y sé de muchos que lo hacían desde antes. Entonces como mismo permitimos que Benedicto criticara nuestra ideología marxista, respeten mi derecho a discrepar, a criticar a la Iglesia católica.

Siempre he visto a la iglesia como una institución de economía pujante, y certero trabajo propagandístico, no solo por los lujos del Papa, sino por como ha podido evadir todas sus meteduras de patas, desde la Inquisición acá.

Si me preguntan, la Iglesia eligió a Cuba dentro de su itinerario porque no podía ir a Estados Unidos. Allí la iglesia católica está muy mal parada por sus escándalos sexuales.

El vaticano no colocó a Cuba en el mapa, se valió de la Isla para borrar su mala imagen. Menos mal que aquí el señor Ratzinger no se coloco un sombrero de yarey, como en México. Lo cual muestra el buen tino de su séquito de hombres de negro. Conocen que aquí no se nos enamora con ese tipo de cursilerías.

Muchos de mis compatriotas asistieron a la plaza, algunos de buena fe, otros por curiosidad, varios porque no les quedó más remedio.

A mí, la única papa que me entusiasma es la que me fríe mi madre, o le agrega a la carne, cuando hay.

Si el Papa obra algún milagro, como convertir el agua en cerveza o multiplicar panes y peces, gustoso me sumo al convite, mientras, seguirá siendo una persona merecedora de respeto solo por la edad.

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Responses

  1. ¡Excelente, Arnaldo! Tienes toda la razón. En definitiva, sin ir tan lejos, ¿dónde estuvo la Iglesia durante los años más duros del Período Especial? ¿Por qué le cuesta tanto trabajo llamar al Bloqueo y a los Estados Unidos por su nombre? Llamar a la piedad y el amor cuando te apuntan con una pistola tiene mucho de suicidio y muy poco de cristiano.

    • Sabes donde estuvo, hacia proselitismo barato, recuerdo que en mi barrio regalaban medicinas alos católicos, y aunque no lo creas asistí al catecismo, porque luego del aquel congreso donde los religiosos podían militar, la iglesia de mi barrio ideó una forma de atraer a los chamas del barrio, prestaba juguetes, los mejores, de afuera asere, y allá íbamos a mataperrear, hasta que se dieron cuenta, porque las clases de catecismo eran muy aburridas, y nos regañaron, y pelusa, uno de mis socios, empezó a maldecir en el templo de Dios, y el resto le secundamos en malas palabras, ja, ja, antes de irnos le sustrajimos todos los mangos del patio, que se metieran toda su pulcritud y buenas maneras, siempre he creído que las buenas maneras católicas o son pura hipocresía o una camisa de fuerza, porque si un cura se coge con dedito con la puerta…de que se defeca en el señor se defeca

  2. Muy bien dicho,hay que tener orgullo y sobre todo no besarle el trasero a quien hasta ayer fue un enemigo por conveniencia,como hicieron los Castro que son ateos ,no dudo que hasta confesaran sus pecados,aunque bueno,solo estuvo una hora,creo que no hubo tiempo para tanto . Hay que ayudar al prójimo y creer en Dios no en un hombre .


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