Posteado por: arnaldomirabal | 7 marzo, 2012

Conviviendo con los de abajo

"Guajiros cubanos"

Ramón y Severino me suman a su estatura

Hay cosas que surgen por intuición, sin la necesidad de manuales o decálogos. Cuando supe que cierta vez el Che Guevara se refirió a la necesidad de dirigirse a los trabajadores porque ellos siempre decían la verdad, me vi reflejado, y pensé en mi interior, “eso es lo que intento hacer”. Pero no es fácil.

A mi llegada a un medio de prensa, luego de un lustro en la universidad, me colocaron en la mano una “papa caliente”, precisamente cubrir todo lo relacionado con la producción de alimentos en la provincia de Matanzas, es decir, la papa de la gente.

Desde un principio me fascinó la idea, porque me gusta el ambiente apacible del campo y la sencillez de sus hombres y mujeres. Me vinieron a la mente muchas ideas, pretendí convertirme en el nuevo Samuel Feijóo y recoger toda la sabiduría guajira que florece en la campiña, los giros lingüísticos, las costumbres, pero sobre todas las cosas dignificar a esos seres humildes.

La vida se escurre con una agilidad inusitada. Han pasado casi dos años de mi primer reportaje, y el disgusto de cierto funcionario porque rehusé entrevistar a un directivo, y en cambio encabezar el trabajo con un septuagenario obrero agrícola, sin más méritos que pasar toda su vida inclinado en el surco, haciendo parir la tierra.

No tengo nada contra los jefes, y los hay muy capaces, verdaderos líderes, pero me siento mejor entre la gente humilde. Desde abajo se percibe mejor, y como descubrió el Che, se tiene mejor perspectiva de la realidad.

Hoy en Cuba se habla de cambiar la mente, y me produce hilaridad como algunos “mayimbes”, -como los de abajo nos referimos a ciertos individuos de arriba- siguen atenazados a lo caduco, y curiosamente manejan un discurso gastado. He descubierto que si entrevistas a varios dicen lo mismo, ¡con iguales palabras! Esas palabras que quizás provocaran algún efecto positivo en los 70 y los 80, pero hoy son palabrerías sin sentido.

Por ello cuando llego a una fábrica o granja agrícola primero me aproximo a los trabajadores, y he notado como tal proceder guevariano disgusta a algunos.

Hace unos días me hallaba en cierta industria vinculada a uno de los sectores que atiendo por la prensa. Esperaban la visita de un alto directivo. Llegó. Apenas se separó de su auto, dio algunas instrucciones y partió. Pude constatar como pasó de largo, raudo y veloz, por un campo donde había muchos hombres y mujeres en su dura faena diaria.

Momentos antes un obrero me había confesado que en anteriores visitas nunca se había dirigido a los trabajadores. Y hablamos de una fábrica con serios tropiezos económicos, donde más se necesita el aliento y estímulo de los superiores. Recuerdo nítidamente como alguien me sugirió que entrevistara al directivo, y recliné hacerlo, no solo por rebeldía, si no porque no tenía nada que preguntarle.

Opté por sentarme en una escalera junto a un viejo obrero y hablamos de todo, de su familia, sus animales. Ambos fuimos blancos de ceños fruncidos porque obré como no lo hizo el directivo, ¡cómo si fuera delito hablar con los trabajadores!

Quizás nunca trascienda como periodista más allá de mi quehacer profesional, porque me gusta mantener distancia del poder y los grandes nombres.

Hoy mi guerra de guerrillas es entender las causas de las cosas, y rehusar convertirme en simple divulgador de datos económicos, aunque deba afrontar un que otro ramajazo de arriba, y cierta desconfianza de los de abajo.

Aunque mi blog no se posesione en los buscadores intentaré retratar el sentir de los humildes, que es mi sentir. Porque mucho aprendo de la sapiencia de Ramón y Severino en las Lomas de Cabeza, o del sano trato de Mireya en La Angelina, pueblecitos de mi provincia que antes ni sospechaba que existían.

Sé que para algunos reproducir lo que piensan los “simples” trabajadores de una fábrica va contra lo establecido. Tan dados somos a las voces autorizadas. Y es esa mi simple misión, autorizar a todos a tener voz, como quiso el Che, si bien a varios les conviene olvidarlo.


Responses

  1. Muy bien Arnaldo, excelente crónica. Espero unirme a tu batallón cuando me gradúe, batallón de periodistas comprometidos con los de “abajo”. De eso se trata nuestra labor: humanizar la noticia y alejarnos de palabrería hueca en la que ni nosostros mismo confiamos.

    Tu amigo de la UCLV

    Yasmani Gómez Gutiérrez
    (Estudiante III Periodismo)

  2. Aahh, deja el bonche asere, no es una excelente crónica, solo me pensamiento revestido con palabras, pero me gusta que comentes, a la larga eres como yo, recuerdas cuando conversábamos en el balcón hasta tarde, precisamente sobre el periodismo que haríamos tras graduarnos, bueno ya ves, no es fácil, pero mientras más difícil, más te enamoras, como una hermosa mujer que te guiña un ojo y después no te mira, y tu te empeñas en seguirla porque sabes que será tuya. Dijo Lezama Lima que lo difícil es estimulante, por eso quizás me empeño en seguir, aunque el salario sea bajo, se me caiga la casa encima, o no cuente con otros recursos, pero uno me sobra, al menos hoy, la voluntad, y sé que cuando llegues a los medios serás excelente periodista, porque eres excelente persona, oye yunta sin más Arnaldo, el mismo gozador de siempre solo que más comprometido

  3. qué hondo! pero… ¿cuándo me darás voz? Mira, yo tampoco soy jefe…¿me entrevistarías? Un abrazo, Arnaldo. Me gusta lo que hallo en tu blog.


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