Batalla naval con una jaiba

Cierta tarde de enero caminaba por una de la splayas de mi ciudad. Era un idea invernal típico de mi país, temperatura agradable, el sol afuera y los niños y jóvenes en la playa, jugando en la arena, o desafiando la calma y la ausencia de brisa desde sus equipos náuticos de vela. Me recosté al tronco de una palmera para admirar el panorama y sentí un agradable cansancio…de improviso emergió una jaiba, crustáceo que habita en los ríos y mares de Cuba, sabroso en enchilado.   Quería algo de mí porque con sus muelas sostenía las zuelas  de mis zapatos, quise apartarla con mi mano pero se adueñó de mi dedo. El dolor era intenso me incorporé y tras sacudir la mano con fuerza cayó a alguna distancia de mí, temí por mi dedo, enrojecido, la jaiba me envistió de nuevo y pensé rápidamente, llevaba un refresco en mi bolso  y se lo lancé como un entrenador lanza un hueso a su mascota, la jaiba se desentendió de mí, tomó el refresco, me gesticuló con su muela, le ofrecí un pitillo y oronda se retiro a otra porción de la playa…. cuando desperté la jaiba todavía estaba ahí.

Ayyy !!!!!!!


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