Posteado por: arnaldomirabal | 3 noviembre, 2011

¿¡Qué el campo mata ¡?

Es cierto que las labores del campo son rudas, pero no matan a nadie, y para confirmarlo nadie mejor que un octogenario que ligó su vida a la siembra de caña de azúcar.

Con tan solo nueve años, Justo Emilio Berrier se recuerda cargando caña en la finca donde nació, Siete Casitas, a pocos kilómetros del poblado de Agramonte, Matanzas. Lo encontré a orillas de la carretera y tras indagar el por qué del patronímico del lugar, no imaginaba estar en presencia de un hombre de tan rica vida.

Por más de 50 años trabajó en los campos de caña, primero transportando la gramínea, luego en un centro de acopio, y finalmente como jefe de Distrito.

“En aquel tiempo ganaba como jefe 138 pesos, y me desempeñaba en dos trabajos, empecé en transportación y alce en un centro de Acopio recién creado, después pasé a ocupar varios cargos, pero el salario era el mismo.

“Ah, eso sí, tenía transporte: tres caballos y una montura. Uno era mío, los otros de la cooperativa. Con ellos supervisaba cerca de 300 caballerías. Todo a caballo.

Me invita a un café mientras le da una voz a su esposa Olga y le anuncia la llegada de un periodista. Su casa es como cualquier morada de campo, muy humilde, de madera, por dentro de las tablas penetran los rayos del Sol. En una esquina permanece un viejo gato dormitando. Esta vez la conversación versa sobre la zafra próxima a comenzar.

Justo Emilio es excelente conversador, aún queda mucho de aquel joven que fue

“Hay buena caña sembrada, la zafra en Matanzas va levantando. Ya no contamos con los recursos de antaño, pero dejamos perder algunas variedades de cañas excelentes.

“Deben quitar toda la caña vieja, eso es caguaso, no tiene rendimiento-veo muchas fotos en las paredes, le preguntó si tiene más familia, y sonríe.

“Tengo 17 hijos, con 5 mujeres, 14 reconocidos y tres por la vía ilegal, me han dado 35 nietos y 20 bisnietos. Una prole de 70 descendientes.

“Ya la vida no es lo mismo, no queda ni rastro de lo que fue Justo Emilio. Siempre vestí bien, aún conservo mis pantalones de paño, pero fui buen padre, los crié a todos bajo mi techo, y nunca se acostaron sin comer.

“El campo no mata. Me siento fuerte todavía. Hoy me dedico a la cría de chivos, tengo tres hembras gestantes.

Sentado en su sillón, se le pierde la mirada en una desvencijada pared. Siento algo de compasión por su gloria pasada, y quizás hasta algo de miedo, porque el tiempo nos estrecha a todos. Pero al parecer lee mis pensamientos.

“Fíjate periodista, tengo 87 años y nunca he usado pastillita, le doy un consejo a la juventud, echen eso a un lado, Viagra o como se llame, esa cosa te da el momento y nada más. Con mis 90 casi arriba todavía…………. ¡Olga!, ¿Cómo está el viejo?

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Responses

  1. Lindo reportaje,Felicidades,Que Dios lo Bendiga !!!


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