La redención de Rolando

 Cuenta un refrán que el hombre se mide por las veces que se levanta. Si es así, pese a su baja estatura, el unionense Rolando Sarracent Suárez aventaja a muchos en tamaño.
Nunca olvidará aquella vez que la vida le jugó una mala pasada por hacer su papel de hombre, papel que trastoca el camino de muchos, y tan caro cuesta. A Rolando le costó la libertad y la separación de los suyos.
Dos años de ausencia. Pero el antiguo maquinista del Central Puerto Rico Libre aprovechó el tiempo. Se instruyó, adentrándose en la esquiva matemática y el español. Pasaba horas leyendo y pensando en el regreso.
La oportunidad de redimirse le llegó cuando lo asignaron a una granja abierta de Jovellanos. Allí cumpliría su condena labrando la tierra. No sabía nada de la nueva tarea, pero nadie nace sabiendo. A golpe de constancia se adentró en ese mágico universo de desentrañar la nacencia de las plantas.
Llegó el día esperado, el reencuentro con su esposa María Cristina y sus hijos Nuria y Nurién. Quizás los 24 meses en contacto con la agricultura le impidieron separarse de la sensación de sentir el rocío en sus manos.
Solicitó tierras en usufructo, y nadie le señaló, porque los hombres tienen derecho a redimirse. Detrás su aspecto serio, se esconde alguien de carácter bonachón, quizás palco de palabra, como quien gusta más hacer que decir.
Luego de establecerse en su nueva posesión, se dispuso a cambiarle el semblante a unos suelos improductivos por más de dos décadas. Su esfuerzo dio fruto. Cosechó 90 toneladas de maíz, otro tanto de yuca y calabaza.
Rolando, padre y esposo, mira al futuro y quiere transformarle. Diversificará su producción con ganado. Basta escucharle para saber que es un campesino nato, de esos que pierden el sueño si un animal se lastima. Al conocerle sostenía con extremo cuidado una cajita con medicamentos. Su caballo había sufrido un accidente.
En la Cooperativa de Créditos y Servicios Pardo Prado, de la que es asociado, todos tienen muy buena opinión de él. Hombre serio para sus cosas y excelente trabajador.
La vida le puso a prueba nuevamente, los médicos le aseguraron que no le funciona un riñón. Pero Rolando no se amilana ante la adversidad, con la sabiduría de que el verdadero hombre es el que se sacude las rodillas luego de la caída, y echará a andar en su nuevo camino.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s